Siembra de alfalfa en el sudeste de la Provincia de Buenos Aires
En el mercado existen actualmente un gran número de variedades lo que dificulta su elección. Los cultivares se clasifican por el grado de reposo invernal que poseen y esto se maneja a través de una escala en donde los números más bajos corresponden a los grupos de mayor reposo o latencia invernal. Estos números son, por lo general, la primera entrada que suele hacerse al problema de la elección de un cultivar. No obstante, los factores que llevan a un mayor rédito económico son, principalmente:
* El rendimiento potencial.
* La persistencia o longevidad del cultivo.
* La resistencia a plagas y enfermedades.
Todos estos factores deberán ser tenidos en cuenta a la hora de tomar una decisión y lo más aconsejable es buscar la información local disponible en su agente de extensión más próximo. Sobre la base de resultados locales se presenta una lista simplificada de cultivares recomendados para la zona. Debido a la alta dinámica del mercado y en los cambios de políticas de los semilleros, el productor encontrará que aparecen muchos cultivares nuevos y se dejan de promover otros.
En una siembra convencional hay que roturar el suelo con buena anticipación para una adecuada descomposición del rastrojo previo y hacer un buen control de malezas. El refinamiento del suelo debe ser más bien alto y es fundamental lograr una cama de siembra firme, rolando si es necesario o esperando que una lluvia compacte naturalmente el suelo, antes de sembrar. En forma práctica, camine el lote y que las huellas no se hundan más que 1 cm.
Actualmente mucha semilla viene preinoculada y peleteada. Si se compra semilla limpia, se debe usar un inoculante de reconocida calidad comercial y un adhesivo (o agua azucarada) para mezclar uniformemente el inóculo con la semilla. Esta tarea debe hacerse al abrigo de la luz solar y esperar que se seque bien para evitar una mala alimentación de la sembradora.
Es de suma importancia que se establezcan la mayor cantidad de plantas posibles y para ello, considerando que la densidad de siembra va a corregir en parte otros problemas relacionados con la implantación, se recomienda 10-12 kg/ha en siembras de alfalfa pura y una profundidad de 1-1,5 cm. Experiencias locales indican que tanto siembras de fin de verano - principios de otoño como de fin de invierno - principios de primavera son exitosas. Tanto en una como en otra, el éxito de la implantación debería medirse después de los 3 meses de sembrado el cultivo, que es cuando la cantidad de plantas tiende a estabilizarse. Durante este período y de acuerdo con la evolución del cultivo se deberá poner mucha atención a las malezas y estar preparado para su control, para lo cual existe una amplia gama de herbicidas factibles de usar (recuerde que el control de malezas empieza antes de la siembra).


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