El INTA ingresó en un lento proceso de extinción, según pronosticaron sus trabajadores en un documento emitido por el INTA Bariloche con motivo de los 45 años de la entidad.
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Entre 1994 y 2001, el gasto público nacional creció 24,3%, y el de Ciencia y Tecnología aumentó casi 20%, mientras que el del INTA se redujo en 27%, indicaron. «Este desfinanciamiento permaneció temporariamente disimulado por dos grandes proyectos cuya ejecución es aún responsabilidad del INTA: Cambio Rural y Prohuerta», asegura el documento enviado a todas las estaciones del país. «Cambio Rural, financiado por la Secretaría de Agricultura, alcanzó a afectar en su momento de máxima disponibilidad cerca de $ 20.000.000 anuales, mientras que Prohuerta, financiado por la Secretaría de Desarrollo Social, llegó a afectar casi $ 10.000.000 anuales. Desde la puesta en marcha de estos dos proyectos, prácticamente todo el sistema de extensión y transferencia del INTA descansó sobre los recursos por ellos aportados», según el personal de la Estación Experimental Bariloche.
«Actualmente, los organismos que financian estos dos proyectos nacionales han reducido los recursos asignados hasta llegar a menos de 10% de los montos iniciales. Sin embargo, nuestra institución sigue teniendo la misma responsabilidad técnica en su ejecución», afirmaron los técnicos del organismo.
«La política de la institución parece ser un muestrario de improvisaciones y de discontinuidades signadas por el acatamiento a los dictámenes de los gobiernos de turno que priori-zan las metas económicas de ajuste por sobre los objetivos que le dan razón de ser al INTA», asegura el documento.
En este sentido, señalaron que «la reducción paulatina de los recursos operativos genera el debilitamiento de la institución para alcanzar finalmente su parálisis. Es así como nuestros sueldos van dejando de ser una inversión para el desarrollo agropecuario nacional para ir transformándose en meros subsidios de desempleo. Parece que la única preocupación de la dirigencia es asegurar un mínimo ingreso para no engrosar la lista de desocupados».
Asimismo, los investigadores aseguraron que «los instrumentos creados por las autoridades del INTA, INTEA SA y Fundación ArgenINTA no han cumplido con sus objetivos de asegurar un incentivo a las iniciativas de vinculación tecnológica y de producción en el marco de las prioridades institucionales. Tampoco han conseguido recursos extrapresupuestarios que ayuden a paliar la difícil situación. Nuestros técnicos por sí solos han demostrado mayor eficiencia en la captura de estos fondos». Los empleados reclamaron «ideas originales a la gerencia. No se trata meramente de administrar la difícil situación actual, sino de superarla. Creemos que el INTA necesita autoridades y gerentes capaces, responsables y comprometidos con el desarrollo y con el crecimiento de la institución. Necesita que el Consejo Directivo delegue en la Dirección Nacional las funciones que le son propias a ésta, y se ocupe de instalar en las autoridades nacionales la importancia de un INTA fuerte y moderno para que su aporte al desarrollo agropecuario sea significativo». Asimismo, afirmaron que «es necesario profundizar la descentralización. Muchas decisiones que hoy se toman a otro nivel deberían resolverse en las experimentales». «La reducción del presupuesto es de tal gravedad que nos impide trabajar, estamos ya paralizados. Si aceptamos esto, corremos el riesgo de dar argumentos a aquellos que sostienen que el INTA no es necesario, ya que de hecho no está haciendo nada, y por lo tanto, no estaría mal cerrarlo», se lamentaron. «Pese a la difícil situación, el INTA tiene la capacidad de seguir trabajando y cumpliendo perfectamente con los objetivos para los que fue creado. En este caso, lo que se está justificando es mantener el statu quo, o sea, el bajo nivel presupuestario», concluye el documento.
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