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5 de enero 2002 - 00:00

Urge un aumento de la producción

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Todos sabemos el desastre de la fiebre aftosa, no sólo por la enfermedad en sí, sino por el manejo no transparente de la misma, que comandó el «Secretario de los 77 mercados», y el impulso del virus «ST» (silencio tramposo); que nos sacó del escenario mayor y hoy todavía peleamos para volver a jugar en primera, en el mercado mundial de carnes y ganados. Estos males se vieron agravados con una de las peores inundaciones de la pampa húmeda.

A la fiebre y el agua continuó una profunda descapitalización de toda la cadena ganadera, desde el criador, invernador, consignatario, matarife, personal de la industria de la carne y frigoríficos exportadores y de consumo.

Si dejamos un momento el país y recordamos el fatídico 11 de setiembre con la «benladenización de la seguridad mundial», vemos que no sólo los productores tenemos riesgos. Por si faltaba algo, en nuestra querida Argentina, un presidente elegido por el pueblo es sacado por su propia gente que lo votó, sumergiéndonos en una de las peores crisis institucionales y económico-financieras de nuestra historia. De ella saldremos adelante con un gran esfuerzo patriótico, dejando de lado todo interés partidario e individual.
 
Sin olvidarnos de nuestra esencia y razón de ser que no es otra que la producción, apostamos a que el año capicúa sea mejor para nuestra ganadería y esperamos que sea extensivo a nuestro país.

Prácticamente estuvimos todo el año 2001 sin rendir examen, puesto que exportar es eso.
Hoy es vital rendir satisfactoriamente. Descontamos el reingreso de nuestras carnes bovinas a la Unión Europa e Israel a más tardar en febrero próximo. También ponemos esperanzas ciertas con recuperar el vital e insólito mercado chileno, vital por la importancia del mismo en nuestra economía vacuna e insólito porque la mejor carne del mundo, está siendo reemplazada por otras con acento portugués y guaraní.

No tengan dudas que el tren volverá a pasar por esta estación, si hacemos las cosas bien. Desde la producción debemos ser eficientes, aumentar el porcentaje de terneros destetados con prácticas sencillas como masajes ováricos, tactos, destetes tempranos, destete precoz y enlatado de terneros, entre otros. Ese aumento de cabezas deberá tener un correlato en un eficiente engorde y producción de kilos carne por hectárea, porque acá no hay lugar para los parásitos.

La industria, el país y fundamentalmente el consumidor requieren un solo estándar sanitario. La igualdad ante los iguales y en iguales circunstancias.

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