17 de agosto 2004 - 00:00

Urgencia por enfrentar al picudo del algodón

La industria textil argentina debe defenderse en frentes diversos. Entre otros, soporta la desventaja comparativa provocada por los subsidios a la producción en escala de la industria brasileña y la invasión de productos de bajo costo del Lejano Oriente.

Sin embargo, una de las formas en que la Argentina puede contraatacar con eficiencia estas asimetrías es si resuelve, por fin, producir abundante algodón. Sería importante, entonces, aumentar la superficie sembrada en 500.000 hectáreas que redundaría, a la vez, en un aumento de 100.000 puestos de trabajo, en 13 provincias productoras.

La columna vertebral de ese crecimiento deberían ser las pymes pertenecientes a la cadena agroindustrial del algodón, que se encuentran repartidas, entre las actividades agrícolas, de desmote, de hilandería y tejeduría, tintorería y confección.

En conversaciones mantenidas con distintos funcionarios del gobierno nacional, estamos seguros de que han asumido el compromiso político de que el algodón se transforme en un cultivo estratégico para el país. Eso es muy bueno, pero no alcanza. Resulta necesario instrumentar con urgencia una lucha para exterminar el picudoalgodonero, porque, de lo contrario, el cultivo podría tornarse inviable.

En efecto, un cálculo simple nos marca que la producción promedio de una hectárea de algodón en la Argentina es el equivalente a 500 kilos de fibra. En la desmotadora, su valor asciende a 500 dólares, pero el productor recibe 20% menos, descontando costos de desmonte, gastos comerciales, fletes e impuestos. Hoy, ese mismo productor, que gasta 250 dólares en promedio, debería invertir 130 dólares más en fumigaciones contra este insecto.

• Rindes

Ahora bien, si la Argentina se infesta por esta plaga, al productor se le reduciría en 15% su rendimiento, y sus ingresos se achicarían a 340 dólares por hectárea. Y sus costos se elevarían, finalmente, a 380 dólares.

En esas condiciones, nadie sembraría algodón, y las consecuencias sobre nuestras provincias productoras y, en particular, para la industria textil, serían deplorables. Por lo tanto, uno de los factores preponderantes en este avance contra el picudo es desinfestar el departamento de Ñeembucu, Paraguay, porque, desde sus focos, el viento traslada al insectoa nuestros sembradíos. Las conclusiones a la que arribamos, con la colaboración de técnicos del SENASA, nos señalan que con menos de 900.000 dólares anuales podemos terminar con esa infestación. Para ese cometido, debemos utilizar trampas de feromonas, control de focos, 30.000 tubos matapicudos por año y 5 fumigaciones anuales. Por supuesto, que parte de esos fondos deberá ser solventada por el Estado paraguayo y por la actividad privada de ese país.

Desde la
Cámara Algodonera y la FITA (Federación Industria Textil Argentina) tendremos que reclamarle al gobierno que la tasa de $ 20 por tonelada que pagan los hilanderos sea utilizada, en tiempo y forma, para ayudar a desinfestar Ñeembucu.

Por otro lado, resulta de vital importancia que el BID apruebe un crédito de 105 millones de dólares para bajar el nivel de infestación y erradicar el picudo en 5 años, en 4 países.

Creemos que en esta instancia, que nos beneficia a todos por igual, el Mercosur se ha integrado de una manera inteligente y adoptó una política común para enfrentar un flagelo que puede acabar con nuestras esperanzas de reimpulsar la producción algodonera argentina.

(*) Vicepresidente de la Cámara Algodonera Argentina

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