Un pianista recibe un día el llamado de un productor cinematográfico, quien le propone contratarlo para componer la música original para una película. La banda de sonido, le explica el productor, será casi exclusivamente de piano, por lo cual él podrá lucirse. El pianista, entusiasta y feliz, concurre al día siguiente al estudio pero, para su gran sorpresa y decepción, el productor le explica que la película para la que compondrá la música es pornográfica. El pianista, molesto, está a punto de abandonar la entrevista cuando el productor le revela que el pago del contrato en dólares será elevado. Entonces, como además se encontraba con poco trabajo, aun a disgusto termina por firmar.

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