Londres - Escuelas cerradas, trenes paralizados, trabajadores ausentes en múltiples ministerios. El Reino Unido vivió ayer la mayor jornada de huelga en once años con paros en numerosos sectores, unidos por la reivindicación de mejores salarios frente a una inflación del 10,5%.
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Condiciona al conservador Sunak la mayor huelga vista en 11 años en el Reino Unido
Se sumaron los ferroviarios, los docentes y los estatales. Los precios evolucionan por encima del 10% anual y los salarios no acompañan.
Unas 20.000 escuelas en Inglaterra y Gales se vieron afectadas por el primero de siete días de huelgas convocados para este mes y el que viene por profesores de educación primaria y secundaria, que se suman así a las protestas iniciadas hace meses en muchos otros sectores.
“Soy profesora en Londres y me está costando muchísimo pagar mi alquiler”, explicó Ciara Osullivan, de 38 años, a la puerta de su escuela. “Tengo hijos pequeños y me gustaría darles algo más que lo básico”, se lamentaba, asegurando que actualmente “ser profesor es muy estresante”.
La huelga de los profesores coincide con uno de los múltiples paros aprobados por los maquinistas de una docena de compañías ferroviarias y con el personal de 150 universidades. También con la acción de unos 100.000 empleados de ministerios, puertos, aeropuertos e incluso centros de exámenes para licencias de conducir. En total hubo unas 500.000 personas en huelga.
En un país donde las manifestaciones son poco habituales, miles de profesores marcharon hasta el Parlamento y las oficinas del primer ministro conservador Rishi Sunak, bajo los aplausos de los transeúntes y las bocinas de los automovilistas, con pancartas que pedían “Salven nuestras escuelas”.
“En lo que respecta a los profesores, les hemos dado la mayor suba salarial de los últimos 30 años, lo que incluye un aumento del 9% para los profesores recién titulados y una inversión récord en su formación y desarrollo”, replicó Sunak, en una intervención ante el Parlamento.
Los paros implicaron un día de caos para muchos, pero la situación en grandes estaciones de trenes como King’s Cross en Londres era tranquila, en gran parte gracias a la generalización del teletrabajo desde la pandemia. Se evitaba así la paralización vivida en la última huelga masiva de funcionarios en el Reino Unido, en noviembre de 2011.
Testimonio
Kate Lewis, trabajadora de una oenegé de 50 años, se consideraba “afortunada” de tener un tren para volver a su casa en Newark, en el norte de Inglaterra, y aseguraba “comprende” a los huelguistas. “Todos estamos en el mismo barco. A todos nos afecta la inflación”.
Aunque cada sector tiene sus reivindicaciones, todos se unen en el reclamo de aumentos salariales ante una inflación que lleva varios meses por encima del 10% (10,5% en diciembre) y deja a muchas familias sin más opción que los bancos de alimentos. Esta profunda crisis llevó en diciembre a las enfermeras a realizar su primera huelga nacional en los más de 100 años de historia de su sindicato.
Tras una negociación infructuosa con el Gobierno, convocaron dos días de paro más en enero y otros dos el 7 y 6 de febrero.
Este último día coincidirá con una acción en Inglaterra y Gales del personal de ambulancias en la que puede ser la mayor huelga en la maltrecha salud pública, aquejada por años de ajustes, desde su creación en 1948.


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