Alejandro Sabella dejó una estela gloriosa en su paso como jugador y técnico al elevar a lo más alto el buen fútbol junto con valores humanos dentro y fuera de la cancha.
Alejandro Sabella dejó una estela gloriosa en su paso como jugador y técnico al elevar a lo más alto el buen fútbol junto con valores humanos dentro y fuera de la cancha.
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“El bien común por encima del individuo”, sostuvo como estandarte el 6 de agosto de 2011 en la conferencia de prensa que lo presentó como entrenador de la Selección Argentina en Ezeiza y al cerrar su ciclo, tras la final del Mundial 2014, insistió en ese mismo predio: "Hablar del grupo es hablar de cosas colectivas, que son mucho más importantes".
Pachorra, como lo apodó el relator Marcelo Araujo al anoticiarse que al futbolista le gustaba dormir la siesta durante el Sudamericano Juvenil de 1974, nació en el barrio porteño de Palermo el 5 de noviembre de 1954.
De padre ingeniero agrónomo y madre maestra de escuela, en varias oportunidades Sabella reconoció que nunca necesitó trabajar pero tampoco le "sobraba nada" y que tuvo la suerte de poder combinar el fútbol con el estudio.
Debido a esa oportunidad pudo alcanzar hasta el segundo año de la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires.
"Venía bien, pero tuve que dejar cuando empecé a jugar en Primera. En realidad, me gustaba más la medicina, pero me metí en derecho porque me permitía estudiar en casa", le contó un joven Alejandro a Clarín en los setenta y se definió como estudiante "inteligente" que "retenía todo con facilidad".
Tras intentar comenzar en las inferiores de Racing y Boca (era hincha xeneize), fue River quien observó más detenidamente en 1970 los movimientos habilidosos y vistosos con la pelota y decidió proyectar en él.
En 1974 fue promovido al equipo principal comandado por Ángel Labruna y que tenía en la cancha a un potente Alberto Beto Alonso, pero debido al gran momento de éste no logró afianzarse y fue suplente de un jugador que posteriormente fue símbolo millonario y de la selección nacional del mundial de 1978.
Tras su paso por River, en 1978 fue transferido al Sheffield United de la tercera división del fútbol inglés y en 1980 al Leeds United hasta que 1982 lo convocó Carlos Salvador Bilardo para darle un golpe de calidad a Estudiantes de La Plata.
En compañía de los históricos Marcelo Trobbiani y José Daniel Ponce, fue esencial en el campeón del Metropolitano de 1982 y del Nacional de 1983, entre los que jugó 113 partidos y anotó 7 goles.
Lo llamaron de la albiceleste pero no logró afianzarse: "Recuerdo de una manera especial el día que compartí un entrenamiento con Diego Maradona. Hizo cosas tan increíbles que tuve la sensación de no saber jugar al fútbol".
También tuvo un retorno al Pincha, pasó por Ferrocarril Oeste y Irapuato, de México, hasta decidirse por dejar el profesionalismo aunque incursionar como ayudante de campo.
Fue asistente de Daniel Passarella, a quién acompañó por Parma, Monterrey, Corinthians, River y las selecciones nacionales de la Argentina y de Uruguay.
Pero lo que le esperaba a Sabella era la gloria y en tan sólo cinco años llegó a lo más alto con su amado Estudiantes y la Argentina.
En 2009 levantó la Copa Libertadores con el Pincha en Brasil tras ganarle a Cruzeiro por 2 a 1 en un tenso encuentro y le devolvió el máximo trofeo continental al club luego de las ediciones de 1968,1969 y 1970.
Ese mismo año, en diciembre, maravilló al mundo cuando su Estudiantes logró sostener el 1 a 0 durante casi noventa minutos del Mundial de Clubes y obligó al poderoso Barcelona de Pep Guardiola a ir al alargue con el empate de Pedro a los 89´.
Pese a la gran resistencia pincha y de demostrar un juego de igual a igual en la delantera, Lionel Messi derritió el sueño copero a los 110´.
Dos años después, Messi iba a comenzar a ser dirigido por Pachorra en la Selección y, tras un muy buen nivel demostrado en la recta final de las eliminatorias, el equipo alcanzaría el partido decisivo en Brasil.
Argentina se enfrentó a Alemania y cayó 1 a 0 en el tiempo suplementario luego de un torneo en el que el conjunto expuso un rendimiento superlativo de todos los jugadores.
"No volví a ver el partido. Quiero creer que es como un acto de defensa del ser humano, de la mente: no lo querés ver de nuevo para no armargarte. Me parece que hay un poco de eso", expresó el año pasado Sabella.
Alejandro siempre se caracterizó por transmitirle a sus dirigidos una línea marcada por la importancia de la conducta y los valores.
"El secreto es ser mejor persona para ser mejor jugador", manifestó en diálogo con el medio Goal.
En un año doloroso y de pérdidas importantes, se va Sabella, el estudiante de Derecho que llevó al fútbol nacional a lo más alto del mundo.
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