Cumplidas cuatro fechas del torneo Clausura, Horacio Elizondo empezó a tener trabajo en su puesto de director formativo de los árbitros, porque empezaron las críticas a los arbitrajes. Sobre todo, a Gabriel Brazenas por River-San Martín de San Juan y a Carlos Maglio por Gimnasia La Plata-Boca. Cuando se esperaba un respaldo total o por lo menos un «los trapitos sucios los lavamos en casa», Elizondo en declaraciones radiales habló muy bien de Brazenas: «El penal fue penal, porque Ponzio cubrió un espacio con sus brazos con la intención de interceptar la pelota y en el tercer remate le pegó en un brazo» (cosa que por televisión parece no ser así, ya que se ve rebotar en el pecho del volante) y sobre la suspensión: «Ya no se podía jugar, porque la pelota no corría, por eso hizo bien en suspenderlo». En cambio, a Maglio le dio para que tenga: «El penal no fue y, por su posición, debía haberse apoyado en el juez de línea». Tampoco consideró correcta la expulsión de Jonathan Maidana: «Era para tarjeta amarilla, pero se dejó impresionar por la simulación en la caída del jugador de Gimnasia». Cuando hizo la conferencia de prensa de su presentación, Elizondo habló de «respaldar a los árbitros aun en el error y trabajar para que el margen de equivocaciones sea mínimo». Pero del dicho al hecho...
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Otra de Elizondo, el jueves pasado les envió por mail y por fax un cuestionario a los periodistas sobre el reglamento,que tituló como diagnósticoy en el que hacía algunaspreguntas capciosas, como por ejemplo «si el fuera de juego es falta o no». Según se supo, la intención del ex árbitro internacional era «hacerles pisar el palito a los escribas y comentaristas radiales» y esperar que contesten alguna «burrada» en ese cuestionario. Así, cuando éstos criticaban sacaba a relucir el papel. La cosa le salió mal, porque los periodistas, en lugar de contestar, se ofendieron y tuvo que ir su segundo Miguel Scime a la AFA a pedirles disculpas a los acreditados allí.
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En setiembre hay elecciones en Estudiantes, y la lucha electoral se presenta encarnizada entre los que hasta hace poco eran presidente y vicepresidente del club: Eduardo Abadie y Julio Alegre.
Abadie, que sigue al frente de Estudiantes, tiene como aliados a Juan Sebastián Verón y a algunos enemigos históricos como el ex intendente Julio César Alak, mientras que Alegre, renunciante hace dos meses, tiene al actual intendente Bruera y a parte del kirchnerismo como sus apoyos políticos. Abadie dice representar una dirigencia agresiva que busca devolverle al club su poderío perdido, mientras que Alegre está en contra de algunos métodos del presidente, como utilizar a Verón para seducir a Lázzaro que deje Tigre y firme para Estudiantes, cosa que casi lo hace enemistar con otro socio político, el intendente de Tigre y ex hombre de la ANSeS, Sergio Massa.
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