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Sobre lo expuesto anoche se podrá decir que los dos equipos estuvieron lejos de una actuación acorde con lo mostrado hasta este momento. Tal vez, el terreno fangoso y en parte anegado haya conspirado, pero ni River en la primera parte ni Deportivo Táchira en el complemento ( cuando expusieron lo mejor de cada uno) tuvieron una evidente merma en lo futbolístico.
Las noticias señalaban que los venezolanos se habían preparado especialmente para este partido porque querían redondear una buena actuación en el grupo y consolidar una imagen general de una evidente superación del fútbol global de ese país. Lo consiguieron sobre la pitada final ante este River mechado con muchas caras jóvenes.
El panorama parecía diferente en el comienzo. Bastaba que River tomara la pelota, anticipara en la zona media, buscara escalar en el terreno con pelotas a un toque y lanzar por derecha a Garcé y por la punta opuesta a Sambueza para que todo Deportivo Táchira se convirtiera en un tembladeral. Con decir que antes del cuarto de hora ya ganaba por dos goles de diferencia y sus delanteros habían dejado pasar no menos de tres situaciones propicias para aumentar el marcador basta para redondear la idea de juego de uno y otro. Sin embargo, cuando River levantó el pie del acelerador, recién los visitantes se atrevieron a dejar su propio terreno para intentar algo más serio o fundamentado.
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