Secciones Especiales

Desde La Paloma al Chuy, una sorpresa a cada paso

Hablar de la costa de Rocha hace muchos años era mencionar un puñado de pueblitos costeros habitados en su mayoría por hombres de mar. Hoy, este departamento esteño uruguayo es sinónimo de prosperidad y turismo.

Campos del siglo XVIII, antiguos pueblos de pescadores, inmensas dunas, viejos fortines, barcos perdidos, agua clara y tibia. Una ciudad fronteriza inundada de free shop... Rocha es todo eso y mucho más. Aun así, para muchos argentinos acostumbrados a veranear en Punta del Este, visitar la vecina Colonia u otros clásicos como Atlántida o Piriápolis, Rocha les resulta un territorio inexplorado.

En los balnearios de Rocha la tranquilidad es el común denominador. El atractivo pasa por las cosas rústicas, por el contacto con la naturaleza más virgen. En las playas de Rocha no existe alquilar carpas. La costa le pertenece a la gente y apenas hay un puñado de pequeños paradores caseros construidos con madera y techos de paja. En algunos balnearios existe la posibilidad de alquilar sombrillas, también construidas con madera y paja, en muchos casos con la posibilidad de sumar una hamaca paraguaya para descansar observando el mar.

A la hora de planear las vacaciones en esta zona el turista tiene que saber de antemano que llega para disfrutar de las cosas simples: sortear médanos inmensos en un avejentado camión doble tracción por los senderos irregulares de Cabo Polonio hasta llegar a una zona donde no se puede acceder en vehículo propio. Pasear por Valizas alrededor de su placita entre puestos de artesanos iluminados por velas; perderse entre los ranchos de pescadores y comer en algún puesto de comida con vista al mar en Punta del Diablo; transitar angostas callecitas en La Pedrera entre puestos de artesanos y artistas callejeros y detenerse al final del trayecto en una terraza natural con un paisaje sin igual.

valizas.jpg
Valizas

Valizas

Caminar por playas eternas de arenas blancas en Barra del Chuy, en el límite con Brasil. O visitar la playa La Balconada, en La Paloma, donde al final de cada día la gente se tira en la arena a esperar la puesta del sol. Y cuando ello ocurre, aplaude.

Y más: Aguas Dulces, el Fuerte Santa Teresa, los free shop del Chuy con precios libres de impuesto, y lo más importante: todo esto se puede visitar en un trayecto de unos 120 kilómetros. En una hora y media -en auto- se accede al punto más lejano que es el Chuy. En el camino, la posibilidad de descubrir todo lo anteriormente mencionado. En una hora -también en auto- se accede a Punta del Este. Piriápolis y Atlántida están a minutos del balneario esteño, y ameritan una escapada.

Punto de partida

El principal balneario de Rocha es La Paloma. Aún conserva su faro, levantado en 1874 en el cabo Santa María debido a la gran cantidad de naufragios ocurridos en la región. Su puerto pesquero, el más importante de Uruguay, recibe gran cantidad de amantes de la pesca con caña que lo visitan por la noche en busca de un extraño pez muy largo y angosto llamado sable. Los entendidos aseguran que se captura con boya o a fondo, la carnada tiene que ser blanca y hay que utilizar chicote de acero porque tiene dientes muy afilados y suele romper la tanza.

La Paloma no dispone de infraestructura sofisticada. Más bien es un lugar apropiado para el descanso, con una hotelería y casas de alquiler (sobre todo estas últimas) más que aceptables. En este destino, al igual que en toda la costa de Rocha, es común que los pobladores de la zona alquilen sus viviendas a turistas durante la temporada de verano por medio de carteles caseros que exhiben delante de las fachadas de las viviendas. Los alquileres oscilan entre 60 y 100 dólares por día, una casa de dos habitaciones durante enero, sobre todo en la primera quincena, de gran demanda. En febrero, los precios bajan en promedio un 25%. Un dato interesante es que la oferta (en dólares) se mantiene estable desde hace varios años. No es menor si se tiene en cuenta los vaivenes de la moneda norteamericana en la Argentina.

La gastronomía del lugar, al igual que en todo el territorio de Rocha, se destaca por sus pescados y mariscos. Comer oscila entre los 400 pesos argentinos (un chivito uruguayo en uno de los tantos carritos al paso) y los 700 pesos por persona, dependiendo del lugar y tipo de servicio. Lo ideal, para abaratar costos, es pagar con tarjeta de crédito o débito, pués se descuenta el IVA (22% en Uruguay) que se refleja en el mismo momento del pago (ver infografía).

El plato fuerte

Respecto al mar y sus playas, La Paloma propone desde arenas blancas y finas (La Serena), playas rocosas con piscinas naturales y arenas más gruesas (El Cabito), pasando por la tranquilidad de La Bahía, ideal para los amantes de los deportes náuticos y playas abiertas de olas prominentes como La Aguada o la casi inexplorada Arachania, poco concurrida por los turistas. Los barrios presentan fisonomías bien diferentes.

Con el paso del tiempo se han ido formando pequeñas “regiones”, cada una con características propias. El Casco Viejo, también llamado “La Paloma Vieja”, es una zona densamente construida, que mezcla “casillas” de madera sobre palafitos que datan de fines del siglo XIX, con modernas construcciones y casas prefabricadas. El Centro del balneario se desarrolla en torno a su principal arteria: la avenida Nicolás Solari. Allí se despliega la zona comercial: restoranes, heladerías, casino, ferias artesanales y lugares de esparcimiento. Imperdible, los helados artesanales de Popi, un “paseo” obligado para los visitantes que llegan a La Paloma.

la pedrera.jpg
La Pedrera

La Pedrera

En cinco minutos en auto se accede a la antigua Punta Rubia, hoy La Pedrera, anfitriona de celebridades uruguayas y argentinas, que antes veraneaban en las playas de José Ignacio y hoy emigran a esta zona en busca de la tranquilidad -y de precios- que ya no encuentran en aquel prestigioso balneario internacional. Usando La Paloma como punto de partida, se suceden pueblitos, playas y balnearios dignos de ser descubiertos. Es difícil recomendar un balneario cuando son tantos y sobre todo tan diferentes. La primera recomendación es usar al menos dos días para recorrerlos. En ese caso, la primera alternativa puede ser tomar el corredor costero y empezar a la mañana con un breve recorrido por La Pedrera. De ahí al Cabo Polonio, almorzar, recorrer la reserva de lobos marinos, llegar hasta las dunas y regresar a media tarde. Al Cabo sólo es posible ingresar con vehículos autorizados que entran y salen con contingentes en horarios determinados, por lo que es aconsejable ajustar bien los horarios para no quedarse obligados más tiempo del deseado.

El recorrido puede continuar por una visita a Aguas Dulces y desde allí, al atardecer, retroceder unos pocos kilómetros hasta Valizas, ideal para cenar y disfrutar de la mejor feria de artesanos de toda la costa rochense. El otro recorrido empieza en Punta del Diablo, almorzar allí pescados y mariscos, hacer una escapada a la Barra del Chuy para conocer ambas playas (la uruguaya y la brasileña) con características diferentes. Y finalizar el recorrido en el Chuy, ideal para pasar varias horas entre free shops, puestos de venta ambulante y un sin fin de tiendas de ropa, sobre todo del lado brasileño.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario