«No es fácil ser dueño de una pyme, porque no tenemos apoyo: desde el Estado se ofrecen programas de ayuda pero las condiciones que imponen no las puede cumplir una empresa chica, y los requerimientos parecen estar apuntados a la realidad de una gran empresa.» La afirmación pertenece a Silvia Fernández Romay, dueña de Misra, empresa que elabora variedades de té y de yerba mate. Sus productos se venden en la Argentina, Estados Unidos, Inglaterra, Brasil y Chile. A continuación, las frases más salientes de la entrevista con la empresaria.
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Periodista: ¿Cómo arrancó su carrera de mujer de empresa?
Silvia Fernández Romay: Soy licenciada en Sistemas y trabajé muchos años en empresas, en el área tecnológica. Pero llegó un día en el que hice un click; empecé a interesarme en todo lo vinculado a lo sensorial. Comencé a buscar información sobre vinos, aromas y tés. En este último caso sentí un interés especial y me aboqué a crear combinaciones de distintos tipos. Comenzó como un hobby: lo hacía por placer y luego los regalaba a amigos y familiares. Hasta que empezaron a pedirme que les vendiera mis blends. Ahí tomé conciencia de que esto podía ser un buen negocio y me decidí llevarlo a cabo. Hace seis años que estoy al frente de esta empresa.
P.: ¿Cómo hizo para desarrollar su propio emprendimiento dentro del contexto de la crisis económica de 2001/2002?
S.F.R.: Arrancar en medio de la crisis fue un gran aprendizaje. Es bueno empezar en medio de una fuerte tormenta porque desde el comienzo desarrollás un plan de crisis. En ese momento recién empezaba la empresa, no tenía mucho. Los logros llegaron después. En cambio, no es lo mismo para una empresa pasar de ser una vaca gorda a un flaca.
P.: Trabajó durante un tiempo largo en el área tecnológica que, por lo general, es un ámbito masculino. ¿Alguna vez se sintió discriminada por ser mujer?
S.F.R.: No sé si el término discriminación sea el adecuado. Sí es verdad que trabajé siempre rodeada de varones, desde el comienzo de mi carrera. Y me acostumbré a trabajar con ellos, con mucha fuerza, imponiendo mi visión femenina. De hecho, estuve a cargo de una gerencia. Todo lo que hice me costó mucho. Siempre me moví en un ambiente machista.
P.: ¿Existe un límite que la mujer no pueda traspasar una vez que llega a cierto nivel dentro de la organización?
S.F.R.: No. El límite se lo pone una. No sólo en lo laboral, sino en todos los ámbitos de la vida. Los demás pueden condicionarnos, pero no frenarnos.
P.: ¿Es complicado combinar la vida empresaria con la familiar?
S.F.R.: Es difícil. Pero en el mundo en el que nos movemos hoy, las mujeres nos acostumbramos a llevar a cabo múltiples tareas de manera simultánea. Ser ejecutiva o empresaria requiere mucho esfuerzo, mucha organización. A veces hay que priorizar, porque no se puede hacer todo lo que uno desea por falta de tiempo.
P.: ¿En la Argentina el hecho de ser mujer dificulta llegar a cargos ejecutivos en grandes empresas más que en otros países?
S.F.R.: En todo el mundo hay tendencias machistas. Tal vez, en otros países hay menos límites hacia las mujeres para opinar o hacer determinadas cosas. Nuestro país cambió bastante su pensamiento en relación a la mujer como trabajadora, pero falta lograr un mayor equilibrio.
P.: ¿Cómo se ven los productos argentinos en el mundo?
S.F.R.: Muy bien. Los valoran más que acá. En el caso del té, la Argentina es el noveno país productor del mundo, de un total de cuarenta, y el séptimo exportador mundial. Todos los países a los que vendemos valoran mucho la calidad de los productos argentinos, al revés de nosotros, que creemos que lo que se trae de afuera siempre es mejor. Muchas veces consumimos y elogiamos productos cuyas materias primas son locales, y que sólo se envasan o etiquetan en el exterior.
P.: ¿En otros países ven lo suficientemente confiable a la economía argentina como para entablar negocios?
S.F.R.: No. Sentarse a negociar con un comprador extranjero es como dar un examen. Es difícil despegar la imagen de la empresa de la política macroeconómica en la que estamos insertos. Si el país pierde confianza en el mundo, también la perdemos los empresarios. Nos cuesta negociar por el tema de los precios, afectados por la inflación y la falta de estabilidad.
P.: ¿Cómo ve a la economía argentina?
S.F.R: El mayor problema es la inflación. A las pymes nos afecta mucho el aumento en el precio de las materias primas. Estamos siempre en la disyuntiva de recargar estos aumentos en los precios finales de nuestros productos. Muchas empresas -como la nuestra- deciden absorberlos pero no es posible prolongar esa situación en el tiempo.
P.: ¿Qué significa ser emprendedor en la Argentina?
S.F.R: Implica una búsqueda permanente de estabilidad, lo cual requiere de mucho esfuerzo, mucho trabajo duro, insistencia y perseverancia.
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