Si no fuese porque a duras penas nos despegamos del piso, casi podría decirse que la suba que está viviendo el mercado comienza a dar vértigo. Es cierto que ayer el Dow retrocedía al cierre casi la mitad de lo que alcanzó a ganar en lo mejor del día (0,6%), pero aun así 0,28% que se anotó le alcanzó para marcar un nuevo máximo histórico en 12.251,71 puntos (el Russell 2000 también marco un récord y el S&P 500 superó -pero no cerró- por primera vez en seis años sobre la línea de los 1.400 puntos).
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Alguien podría observar que las primeras operaciones de la jornada fueron en baja, lo que junto al "retroceso final" podría estar hablando de cierta "debilidad" (después de todo, una ganancia de 0,28 por ciento en la cuarta sesión consecutiva de suba, difícilmente se pueda definir como extraordinaria), pero con idéntica consistencia se podría argumentar que lo que hizo el mercado a primera y última hora sugiere más que nada que el mercado sigue "con resto" para la suba.
La decisión de USAir de comprar a Delta Airlines sin duda influyó en el optimismo de los inversores, lo mismo que las últimas minutas de la Reserva Federal (que hablaron de una economía en expansión con algo menos de riesgo inflacionario) y el índice Empire State Manufacturing (que mostró a la actividad manufacturera en la zona de Nueva York creciendo a 26,66 puntos, en lugar de retroceder a 15,5 unidades); pero si hemos de ser consistentes con lo que venimos afirmando desde hace algún tiempo, estas noticias no fueron más que "excusas" que tomaron los inversores con las cuales fundamentar su ánimo alcista.
El problema del escenario que estamos planteando es que -de ser cierto- casi cualquier cosa podría ser capaz de disparar una baja en las acciones. No olvidemos que el consenso sobre un 2007 mucho menos venturosos que lo que ha sido 2006 es casi unánime, y sin embargo el mercado bursátil no parece actuar en consecuencia.
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