Más que histórica devolución a la bandera, la estatización de Aerolíneas Argentinas parece un infarto para el gobierno: demoras y suspensión de vuelos, escándalos en los aeropuertos, agonía del servicio que continuará durante 60 días -por lo menos- hasta que concluya la auditoría que fijará el valor de la empresa (lo que supone parálisis para mantener, alquilar o contratar por las nuevas autoridades). Mientras, Cristina de Kirchner -quien inútilmente solicitó colaboración gremial- debe soportar la tremenda presión de los sindicatos que impiden vuelos (caso de uno a Miami debido a que los pilotos estaban en su jornada de descanso). Ahora, como se pelean los comandantes de AA con sus colegas de Austral, hay tres aviones plantados en pista: unos reclaman que un MD (varado en Resistencia) retorne de Austral a Aerolíneas, y los otros no aceptan esa devolución. Como represalia por esa acción, los de AA se niegan a pilotear otros dos Airbus alegremente estacionados. La gente, mientras, paga y purga este conflicto.
Ayer hubo nuevamente
demoras en varios
vuelos de Aerolíneas.
Otros fueron
reprogramados y los
pasajeros esperaron
como pudieron.
Los próximos sesenta días serán un infierno para los pasajeros de Aerolíneas Argentinas y Austral: sucede que durante el período en que se realice el «due dilligence» (o auditoría) para determinar cuánto pagará el Estado por quedarse con las empresas, será poco lo que haga el gobierno para mejorar la situación.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Así vienen admitiendo el ministro de Planificación, Julio De Vido, el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, y el gerente general de Aerolíneas, Julio Alak, en sucesivas reuniones con los gremios de la actividad. Los funcionarios reconocieron además que buena parte de los problemas se debe a las presiones de APLA (el sindicato de los pilotos de Aerolíneas Argentinas): este gremio, que fue uno de los puntales sobre los que se basó la ofensiva para sacar al Grupo Marsans de Aerolíneas, «plantó» un vuelo a Miami el mismo día en que Cristina de Kirchner anunciaba la reestatización de la compañía. La razón invocada fue que la tripulación se había «vencido», y los reemplazos se negaron a volar, aun cuando desde la Casa Rosada la Presidente pedía la máxima cooperación de los trabajadores para sacar la empresa adelante y no perjudicar a los usuarios.
Sin embargo, los pilotos se rehúsan a volar fuera de sus horarios o en sus días libres. El mecanismo funciona así:
Se programa un vuelo a Miami para las 10 horas.
Por mantenimiento, porque ese avión aún no llegó de otro destino o por causas climáticas, el vuelo se atrasa.
La tripulación se «vence» (los pilotos y tripulantes de cabina tienen un máximo de horas de servicio continuadas, que arrancan antes del horario previsto para la partida) y ya no pueden realizar el vuelo.
La empresa (aun ahora que está en manos del Estado, que era la aspiración explícita de los pilotos de APLA) convoca a otros comandantes que están en su día de descanso, y éstos se niegan a relevar a sus colegas y hacer el vuelo, que queda en suspenso hasta que otros pilotos entren en día de servicio.
En este panorama, y en buena medida por causa de esta «huelga encubierta», ayer se repitieron las demoras en Aeroparque y Ezeiza, las que comprendieron a más de treinta vuelos y afectaron a miles de pasajeros. Los retrasos de hasta 24 horas, causados por la falta de aviones -según el gobierno y la empresa- para cumplir con todas las frecuencias programadas, volvieron a provocar las escenas de caos y creciente indignación, que -afortunadamente- aún no llegó a actos de violencia.
«Quizás entre el martes (por hoy) y el jueves la situación se tranquilice un poco porque no hay tantas máquinas afectadas a vuelos charter, pero desde el viernes hasta el lunes volverán los atrasos», dijo a este diario una alta fuente sindical.
La misma descartó las interferencias radiales como causante de atrasos en los vuelos. «A veces, cuando se hace la aproximación final a Aeroparque, hay algunas interferencias de radios locales, pero se soluciona fácil: se cambia la frecuencia con la que uno se comunica con la torre», dijo. «De ningún modo eso puede causar que el tráfico aéreo se interrumpa totalmente durante tres horas.» En línea con lo dicho por el gremialista, la Fuerza Aérea informó ayer que no existían problemas en las frecuencias que afectaran los vuelos.
Lo cierto es que, si no fuera por las presiones de APLA, hoy Aerolíneas/Austral tendría al menos tres aeronaves más en servicio. Hay un MD serie 80 varado en Resistencia que «pelean» con UALA, sus colegas y enemigos de Austral. La máquina es propiedad de Aerolíneas Argentinas, pero estaba alquilado a Austral, y el secretario general de APLA, Jorge Pérez Tamayo, exige el retorno a su flota. Caso contrario, le avisaron la semana pasada al trío De Vido-Jaime-Alak, no aceptarán volar los dos Airbus 320 que trajo Marsans en el primer semestre del año.
Cabe apuntar que aviadores de APLA hicieron el curso en simuladores en Estados Unidos para volar los MD -un tipo de avión que Aerolíneas Argentinas no tiene hoy en su flota-; también realizaron la capacitación para los A-320.
En su reunión de ayer con UALA, el ministro le prometió a Diego Serra -presidente de ese gremio- que el «MD de Resistencia» (como ya se lo conoce) será reemplazado por otra máquina similar, pero admitió que «estamos viendo qué hacer». El problema podría agudizarse porque Austral tiene otros tres MD que son de Aerolíneas, y que también podrían dejar de operar si APLA exige su devolución.
En caso de que el gobierno pueda cumplir con la promesa que le hizo ayer a Serra -uno de los pocos gremialistas que adhirió a la promesa de la Presidente de reprivatizar la compañía- esos aviones no volarían antes de un mes: cuando se alquila una aeronave las normas internacionales exigen que se la entregue tras un « Chequeo C» (la más profunda y exhaustiva revisión a la que puede ser sometida), lo que insume no menos de 15 días.
El gobierno ni siquiera comenzó a conversar con los «leasors», las empresa que alquila aviones, pero De Vido habría admitido la necesidad de modernizar una flota vieja e ineficiente en consumo de combustible. Algunos gremialistas le sugirieron buscar Boeing 737-700 o sus equivalentes Airbus 319 y 320, pero con un barril de petróleo cerca de los u$s 130 son las máquinas más pedidas del mercado mundial. Lo más probable, entonces, es que sigan llegando (en caso de que el gobierno cumpla con su promesa de « poner en valor» a la compañía) más MD (aviones que fabricaba McDonnell Douglas, empresa que desapareció tras ser adquirida por Boeing hace una década) o B 737-500.
Por ahora, de los 22 aviones de Austral, sólo vuelan diez. Y la mitad de la flota de Aerolíneas también está en tierra, por todas las razones apuntadas. La promesa de Alak de rehabilitar siete aeronaves casi de inmediato, probó ser más difícil de cumplir de lo que parecía.
Dejá tu comentario