Prescindir del Fondo Monetario es el deseo manifestado permanentemente por la Argentina, que no puede llevar esa intención a la práctica por lo vulnerable que es su economía. Brasil, en una de las gestiones más exitosas de la región, sí pudo prescindir. En un gesto de fortaleza, y hasta de audacia en medio de la inestabilidad que aqueja hoy a todos los mercados emergentes, Lula da Silva anunció ayer que no renovará el acuerdo stand-by que mantenía con el Fondo Monetario Internacional. No lo hace por una vocación de independizarse de sus consejos (menos por enfrentamiento con el organismo), sino porque su economía creció, está sólida y no lo necesita. El acuerdo, por 41.750 millones de dólares, ponía a Brasil a salvo de eventuales turbulencias financieras, pero, de hecho, no necesitó usar los últimos tramos, por 14.000 millones de dólares. Estados Unidos y el propio Fondo aplaudieron esa determinación y manifestaron su admiración por el acierto de las políticas de Lula. Por razones diferentes, los sindicatos ligados al Partido de los Trabajadores, el ala izquierda de esa agrupación y hasta los industriales de San Pablo también saludaron la decisión: pretenden que el gobierno ahora relaje su dura política monetaria y fiscal. Sin embargo, ayer fue ratificada la meta de superávit de 4,25% por el ministro de Hacienda, Antonio Palocci.
«Todo el mundo sabe que Brasil quebró tres veces, y el acuerdo con el FMI dio sustentabilidad para que el país pudiese sobrevivir», dijo.
El presidente subrayó luego que su gobierno no precisa que alguien le diga que tenga responsabilidad en el gasto público, en alusión a uno de los tópicos de la condicionalidad de los acuerdos de financiamiento otorgados por el FMI.
«Eso nosotros ya lo aprendemos dentro de casa: yo y Marisa (su esposa) tenemos una vida matrimonial que va a completar 31 (años) y nunca gastamos más de lo que podemos», explicó y «la misma regla rige para Brasil».
En tanto, el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, explicó que «los pilares económicos están más favorables que en el inicio de nuestra gestión.
Entonces, creemos que lo mejor para Brasil, para el FMI y para nuestra economía es la no renovación del acuerdo». De esta manera, Brasil pone fin a una tutela del FMI que se extendía desde hace casi siete años, desde la grave crisis de finales de 1998, que derivó en la devaluación del real, el 13 de enero de 1999, hecha por el gobierno de
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