AEA pidió a Kirchner fin de impuestos distorsivos

Economía

Como para no desmentir el resurgimiento de la «burguesía nacional», la AEA (Asociación Empresaria Argentina) envió ayer a conversar con Néstor Kirchner exclusivamente a las cabezas de los principales grupos argentinos de capitales nacionales. Así, quienes concurrieron a su despacho -y luego hablaron para los periodistas flanquendo al jefe de Gabinete, Alberto Fernández- fueron Luis Pagani (Arcor, presidente de AEA), Paolo Rocca (Techint), Aldo Roggio (Grupo Roggio), Alfredo Coto, Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó), Carlos Miguens (Quilmes) y Jaime Campos (director ejecutivo de la entidad).

De todos modos, el reclamo más concreto fue que se terminen los «impuestos distorsivos» como el gravamen al cheque. «Su reducción va en el buen camino, pero no alcanza», dijo uno de los empresarios.

• Motivo principal

Está claro que, a pesar de que en la conferencia de prensa los temas circularon por carriles que tenían que ver con la posibilidad de un brote inflacionario, la crisis energética, la desocupación y el control de costos, el motivo principal de la reunión de ayer fue el atentado sufrido por la sede de Repsol YPF (empresa miembro de AEA, obviamente), hecho que motivó la que seguramente fue la más enérgica reacción de una central empresaria contra el gobierno de Kirchner. Según trascendió, la reunión fue convocada por el propio presidente, preocupado por el tenor del comunicado y deseoso de recomponer la relación con las principales empresas del país.

Sin embargo, de manera sugestiva,
no hubo nadie de Repsol YPF ayer en la Casa Rosada; su presidente local, José María Ranero Díaz, es el hombre que la representa en AEA y quizás para no echar leña al fuego (que ardió en su edificio de Diagonal Norte) el empresario español dejó el tratamiento del problema en manos de sus colegas. También fue llamativa la ausencia del hombre del monopolio «Clarín» en AEA, uno de sus dueños, Héctor Magnetto, habitual participante en esta clase de encuentros al máximo nivel. En ninguno de los dos casos se explicó el porqué de estas no concurrencias.

Según la versión «oficial», la reunión -de la que también participaron por parte del gobierno los ministros
Roberto Lavagna y Julio De Vido- duró más de noventa minutos y giró casi exclusivamente alrededor de la crisis energética. La gente del gobierno -con Lavagna y De Vido a la cabeza- se esforzaron en pintar un panorama mucho menos grave «de lo que dicen los medios» (según uno de los ministros). Los empresarios pidieron -y reiteraron en la posterior conferencia de prensa- que no se interrumpa en la medida de lo posible la provisión de fuerza motriz a las plantas industriales, con el obvio propósito de no entorpecer la recuperación económica que se detuvo en abril. Pagani pidió también la «solidaridad» de los habitantes del país, «para evitar que el padre o el hermano que está trabajando tenga que ser suspendido de su empleo por falta de energía», en lo que pareció una apelación a cumplir con los planes de austeridad propuestos por el gobierno para paliar la crisis energética que el propio gobierno -en la reunión de ayer- pareció querer minimizar. A su turno, Lavagna hizo una detallada exposición sobre la «salud» de las cuentas fiscales, situación que ejemplificó reiterando que «estamos cumpliendo con compromisos pagando en efectivo, sin necesidad de emitir nuevos bonos».

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