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21 de enero 2008 - 00:00

Aerolíneas: división gremial impediría la firma de ''paz social''

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Aerolíneas Argentinas intentará esta semana poner en marcha su propósito de «paz social» con los seis gremios que actúan en su seno. Sin embargo, no le será sencillo, así como tampoco al gobierno nacional, que buscará evitar la repetición de las patéticas imágenes de pasajeros airados destruyendo mostradores en Ezeiza, que dieron la vuelta al mundo: ambos deberán vérselas con un frente sindical muy fracturado, lo que a priori es un mal síntoma para cualquier negociación.

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De cara a la propuesta de los accionistas que controlan Aerolíneas, hay al menos dos posiciones claramente enfrentadas:

  • La de los pilotos (APLA) y de los técnicos (APTA), que desde hace años vienen haciéndole la guerra a los españoles que se quedaron con la línea de bandera tras la salida de la SEPI. A este sector se agregó una línea interna de APA ( personal de tierra) opuesta a la conducción de Edgardo Llano, responsable en parte de lo ocurrido hace dos fines de semana en Ezeiza.

  • La de los tripulantes de cabina (comisarios de a bordo, jefes de cabina, azafatas, etc.) nucleados en la AAA, y los administrativos y personal de mostrador (la mayoría) que siguen respondiendo a Llano. Con éstos también se alinearán los técnicos de vuelo y los empleados jerárquicos.

  • Este último sector, que apoyó la gestión de los españoles desde que llegaron a la empresa, exigirá que sean los « rebeldes» (pilotos y técnicos) quienes «hociquen, capitulen y firmen la paz». Una fuente del sindicato que capitanea Ricardo Frecia dijo a este diario que «la distancia con APLA es insalvable».

    ¿Qué provocó este abismo? Frecia había conseguido el año pasado concesiones salariales de la empresa; sin embargo -aseguran en AAA- los pilotos habrían saboteado el acuerdo exigiendo que los sueldos de los tripulantes de cabina no excedieran determinado techo. APLA justificó esta postura acusando a AAA de « apátridas», «vendidos al oro español» y otras bellezas. Como se ve, un precipicio difícil de puentear separa a ambas partes.

    En tanto, los pilotos ya adelantaron que seguirán la pelea por los medios que sea, y no aceptarán condicionamientos oficiales o de la empresa. Lo afirmó su secretario adjunto, Pablo Biro, en declaraciones radiales de este fin de semana. El dirigente aseguró, en línea con la posición tradicional, reestatizadora, de su gremio, que «Aerolíneas viene siendo vaciada, no tiene insumos, no tiene personal, no tiene flota, han anunciado la incorporación de aviones que no vinieron. No hay posibilidad de que nosotros firmemos una paz social a cinco años, ni aquí ni en Suiza, en los términos que ellos han planteado».

    Esto demostraría que la gestión que le encargó Cristina de Kirchner al camionero Hugo Moyano no dio resultado, a pesar de que el secretario general de la CGT hizo regresar de sus vacaciones en Bariloche a Jorge Pérez Tamayo, el «uno» de APLA. Otro motivo de malhumor para la esposa del ex presidente.

    Si a esto se suma la abierta pelea que mantiene el (por ahora) subsecretario de Transporte Aerocomercial Ricardo Cirielli con el secretario de Transporte Ricardo Jaime, el panorama es más negro aún: Cirielli es el secretario general de APTA, en uso de licencia, pero sus dichos lo distanciaron del gobierno al que apoyó desde que Néstor Kirchner era apenas un precandidato. Por ahora APTA viene manteniendo una posición expectante, quizás porque Cirielli espera que la Presidente revierta la decisión de Jaime de «vaciar» su subsecretaría. Si eso no sucediera, APTA se sumará sin dudas a APLA en el sabotaje a los planes de los accionistas de Aerolíneas.

    En medio de este panorama, el Ministerio de Trabajo hasta anoche no había cursado las invitaciones a los gremios para sentarse a discutir la «paz social» que piden Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz Ferrán, los dueños de Aerolíneas, a cambio de incorporar aviones de última generación a la flota de la aérea.

    Y como si el complejo frentesindical no fuera dificultad suficiente, aun los gremios «amigos» ya avisaron que hay puntos del proyecto de acuerdo que no aceptarán de ningún modo, en especial los que hablan de reducción de derechos ya obtenidos a cambio de «incrementos de productividad». Como se ve, si Cristina de Kirchner efectivamente intenta ponerle fin a una guerra que dura años y que tiene como únicas bajas a los viajeros de Aerolíneas, deberá extremar el uso de su músculo político, su poder de convicción y su influencia sobre el sindicalismo argentino. ¿Tendrá todo eso?

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