El miércoles nuestro Merval se despidió hacia el feriado bancario con alzas, y resultan de las más preocupantes de su historia. Si se llegan a generar más «alzas» de tal origen, estaremos perdidos. Porque lo que trajo consigo ese vuelco súbito, grotesco, de un recinto que se colocaba artificialmente a contramano de la tónica que imperaba en todas partes (y aquí mismo, hasta poco antes del final) es la incursión decidida del elefante oficial dentro del delicado bazar bursátil.
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Sin siquiera preocuparse porque la especie se difundiera, con total desparpajo, los medios apuntaron a que se había torcido el rumbo natural del mercado accionario, con órdenes de compra que le fueron impuestas a un banco oficial para que la Bolsa local, sola, diera un final alcista en sus índices.
La necesidad y comodidad de muchas mentes inversoras, seguramente pueden estar aplaudiendo la intervención. El transformar plomo en oro es un sueño alquimista de toda la vida humana. Pero los que saben qué puede terminar resultando semejante manipuleo sobre las fuerzas naturales de un mercado estarán seriamente preocupados. Por ver al «elefante» ingresar de lleno al único territorio que le faltaba invadir: la tendencia de los títulos privados.
Lo que viene
Otras veces pudo haber apariciones puntuales, pero por detrás de lo hecho en la última rueda está la sanción de la ley sobre fondos de la AFJP y -dentro de ella- la clara intención de ver a funcionarios en poder de esos activos: queriendo jugar a operadores de Bolsa. Y, posiblemente, acariciando la estúpida idea de que pueden fabricar tendencias a voluntad y acorde con los deseos. No hay peor peligro que un « ignorante entusiasta» (más todavía, si maneja bienes de terceros). La tonta suposición de creer que si las AFJP resultaban ineficientes, entidades oficiales habrán de serlo merece revisarse y con el sistema en alerta. Por si el elefante decide instalarse en el bazar.
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