11 de agosto 2004 - 00:00

Audacia de Lavagna o la involución

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
La jugada de Roberto Lavagna de pagarle al Fondo Monetario sólo los vencimientos hasta fin de año (1.450 millones de dólares), aceptando que ese dinero no será devuelto al país y remitir, para enero, la aprobación de la tercera revisión del acuerdo ya vencida en julio, sólo se puede entender así: el ministro hace su última jugada antes de irse. No quiere ceder en su propuesta de mejorar la oferta a bonistas -cree que es el galardón que puede llevarse al llano-y ha meditado en un calendario próximo de fechas electorales latinoamericanas.

No está mal planeado. Piensa que el próximo domingo Hugo Chávez puede ganar el plebiscito de Venezuela, algo que sería un golpe fuerte para Estados Unidos y un gran alivio para Fidel Castro, que recibe de allí petróleo subsidiado. Hoy por hoy, la mayoría cree -inclusive en Norteaméricaque ganará Chávez.

El 31 de octubre, el Frente de Izquierda podría triunfar en la elección presidencial en Uruguay con Tabaré Vázquez. Aunque todo hace pensar que si gana -allí no está tan claro el triunfador-el Frente, será un socialismo moderado tipo Lula da Silva o Ricardo Lagos, éste en Chile. Pero sería otro gobierno de izquierda, como podría serlo -aunque más tarde, en 2006- el de Andrés Manuel López Obrador, hoy alcalde de la Ciudad de México que se proyecta con mayoría (56%) a presidir ese país lindero a EE.UU.

Está pendiente de un hilo (apenas 12% de imagen positiva) el presidente de Perú, Alejandro Toledo, aunque allí no se vislumbra ningún reemplazo de tipo izquierdista. El 4 de noviembre podría ganar el demócrata John Kerry la presidencia de Estados Unidos a George W. Bush, con lo cual se irían John Taylor, subsecretario del Tesoro; John Snow, secretario de esa misma cartera, y Roger Noriega, todos los cuales decidieron no apoyar más a la Argentina en su disputa con el Fondo hasta que no salga del default con acreedores privados.

En el pensamiento de Lavagna ante esa perspectiva un costo de 1.450 millones de dólares, aunque no recuperables, es barato para la Argentina para esperar la posibilidad que se abre: un izquierdismo de distinto grado asentándose en países latinoamericanos que llegue a preocupar seriamente a Estados Unidos. Tan seriamente como para que influya sobre los países más poderosos, concentrados en el G-7, y para que se vuelva a ablandar el Fondo Monetario.

Esta táctica explica el insólito documento del propio ministro Lavagna la semana anterior, donde criticó duramente al organismo que no acepta sus posturas y hasta lo llamó, en su iracundia, «inepto». Es un lenguaje de quien está jugado como funcionario de un gobierno: o doblega al Fondo o cae en la porfía pero gana un argumento político para un posible intento político en la elección de 2005. Lavagna no ignora, en sus profundas elucubraciones, que con la caída muy fuerte en imagen pública del matrimonio Duhalde y de la propia Cristina Kirchner, ni el gobierno ni el duhaldismo tienen candidatos con fuerza para enfrentar a los del centroderecha y a la misma Elisa Carrió que hasta podría jugar en ese lado. Ni hablar lo que podría ser para las aspiraciones del gobierno de consolidarse en el Congreso si apareciera una candidatura de Juan Carlos Blumberg.

Tener un candidato, si le va mal en su arriesgada jugada, o imponer al Fondo aprobación de metas sin más exigencia de cambios estructurales son tentaciones no resistibles para un presidente como Néstor Kirchner, que dio el visto bueno para la temible maniobra de su ministro.

Además, tampoco tendría mucho problema en reemplazarlo el Presidente. El mismo crecimiento en imagen pública de las figuras del centroderecha hace casi imprescindible no llegar con Lavagna a la elección de octubre de 2005 por el riesgo electoral que implicaría. Solo no lo ve mal Elisa Carrió a Lavagna.

¿Hay chance de que le salga bien esta jugada al ministro? No la tiene, ni aun cuando a partir de Hugo Chávez el domingo se acentuara el nacionalismo o la izquierda en países latinoamericanos. Si tuviera que ablandarse un poco ante una realidad insoslayable, cualquier gobierno norteamericano jamás perdonará al gobierno o país que al desafiarlo abiertamente lo obligó a esa actitud. Además, es cierto lo que dicen los analistas sobre que es una ilusión pensar que un eventual gobierno demócrata, ganador el 4 de noviembre y con asunción eventual el próximo 20 de enero, vaya a ser más blando con la Argentina. Más aún si ven la formación de «clubes de deudores» con fines extorsivos.

Para Lavagna tampoco había muchas alternativas. Su política siempre ha sido «demorar» en deuda pública. No se le concibe un cambio de actitud. Le queda esta jugada y sus complementos, por caso lanzar su oferta actual a bonistas en setiembre, sin apoyo del Fondo, lo cual le resta credibilidad, pero insinuándoles a los acreedores: si tengo que pagar y perder 1.450 millones de dólares con el Fondo, no vayan a pensar en que también habrá adelanto en efectivo para ustedes. Por tanto, acepten está oferta.

La política onírica de «demorar siempre por principio» -que arranca Lavagna ya como ministro de Eduardo Duhalde-ha sido costosa para el país. Por ejemplo, habría podido refinanciar la deuda defaulteada cuando la tasa internacional era más baja (ayer la volvió a subir la Reserva Federal de Estados Unidos) y cuando la Argentina tenía más «cara de pobre» como país y mucho menos que los casi 19.000 millones de dólares de reservas en este momento. Lavagna parece ya absolutamente irrecuperable, aunque ningún argentino puede apoyar pagar más. Pero tampoco seguir involucionando. Si tras fracasar su nuevo plan se va, le habrá costado al país con su política 21.000 millones de dólares por intereses corridos al esperar siempre.

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