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22 de octubre 2008 - 00:00

Bajaría crédito al consumo: AFJP compraban fideicomisos

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Una de las consecuencias del fin del régimen de AFJP, seguramente ni deseada ni calculada por el gobierno, será una fuerte restricción del crédito al consumo: las grandes cadenas de artículos para el hogar, así como muchas tarjetas regionales se fondeaban a través de la colocación de fideicomisos, que a su vez tenían como principales aportantes a las AFJP, que a partir de ayer quedaron condenadas a la desaparición.

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Hasta ayer se colocaban unos $ 120 millones mensuales en estos instrumentos financieros y hoy más de $ 10.000 millones forman parte de fideicomisos para financiar consumos, de los cuales la mitad corresponde a aportes de las AFJP. La otra mitad fue tomada por compañías de seguros, bancos y hasta inversores individuales. Casi sin ninguna duda recuperarán sus inversiones; lo que también sin duda sucederá es que no habrá renovación de esos instrumentos, y si la hay, en el mejor de los casos el monto se reducirá de manera notable.

Así, se abre una compleja situación para las empresas locales, tanto para los comerciantes como para los industriales que fabrican lo que esos minoristas venden a crédito. La medida del gobierno llega en un momento en que les piden a todos los sectores que hagan lo posible para evitar despidos; al margen de los casi 10.000 desocupados que creará la desaparicióndel régimen de AFJP, la reducción del crédito podría provocar muchos más, tanto en la industria como en el comercio.

A grandes rasgos, el sistema funciona de la siguiente manera:

  • Un comprador va a alguna de las grandes redes de casas de artículos para el hogar (Garbarino, Ribeiro, Megatone, Rodó, etc.) y compra un aparato en diez cuotas.

  • El banco hace un «paquete» con esos pagarés o créditos y los vierte en el mercado en un fideicomiso. Quienes lo compran son mayormente las AFJP. Así, el banco recibe cash, y se lo da al comercio, con lo que sigue haciendo girar la rueda

  • En la actualidad, cabe recordarlo, cerca de 50% de los fondos aportados a los fideicomisos para el consumo proviene de las AFJP. Esos fondos, obviamente, desaparecerán del mercado.

    También afectará a las tarjetas de crédito regionales, e incluso a las de marca propia de grandes cadenas minoristas (Garbarino tiene Argencard; Jumbo, Coto y Carrefour también emiten sus propios plásticos o a través de entidades especializadas en ese mercado) que usan los fideicomisos para fondearse.


    Se estima que algunas de las cadenas mencionadas financian 70% de sus ventas (el restante 30% es al contado o con tarjetas como VISA o MasterCard); de ese financiamiento propio, la proporción que obtienen de los fideicomisos va -según la empresa- de 50% a 100%.

    Consultadas varias de las grandes originadoras de fideicomisos, todas coincidieron en afirmar que «es demasiado pronto para opinar; cuando conozcamos mejor el proyecto oficial podremos evaluar el impacto que tendrá sobre nuestras ventas». Como se ve, las medidas oficiales siguen provocando temor e inquietud en sus destinatarios.

  • Herida de muerte

    En cambio, un alto ejecutivo bancario -de una entidad que vendió su AFJP hace varios años- dijo que «es una herida de muerte al mecanismo. También lo es a las emisiones de acciones: la mayor parte de las ofertas públicas se hacían pensando en las AFJP e incluso se incluyó el inciso Q en la ley que (todavía) las regula obligándolas a invertir 5% de sus carterasen 'actividades productivas'».

    Fueron pocos los que llegaron: Pampa Energía colocó u$s 178 millones en este marco legal para repotenciar la central Loma de la Lata horas antes que la caída de Lehman Bros. disparara la crisis actual. En cambio, YPF intentó hacer lo propio, pero «no llegó»...

    Los fideicomisos, cabe apuntarlo, no se destinan sólo a la compra de aparatos eléctricos: 50% de lo recolectado en el mercado de capitales se hace con ese fin; el resto se aplica a proyectos inmobiliarios y de explotación agropecuaria. Otro mecanismo que usan los argentinos para financiar sus consumos son las cuotas con tarjetas de crédito; en la actualidad, las «doce cuotas sin interés» quedaron reducidas a las promociones puntuales acordadas entre un banco y una cadena comercial, que suelen durar no más de un fin de semana.

    El resto se paga en cuotas con intereses que rondan 30% mensual; esos créditos, lo mismo que los préstamos personales que otorgan los bancos, se fondean con los depósitos a plazo fijo. Y en este rubro también las AFJP juegan un rol crucial: buena parte de su cartera -por mandato legal- debe depositarse en las entidades del sistema financiero local. Si el Estado decide retirar esos fondos, los efectos serán graves. Uno de ellos, obviamente, es que los bancos se quedarán sin plata (o tendrán mucha menos) para prestarles a sus clientes.
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