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La consejera del Departamento de Evaluación de Operaciones (DEO) que efectuó el estudio, Uma Lele, dijo en una rueda de prensa en Ginebra que esa institución financiera pretende ahora "poner en marcha una estrategia mundial y un plan de financiación basados en un crecimiento duradero que favorezca la reducción de la pobreza".
Entre los programas del Banco Mundial sometidos a estudio figuran los que financian la investigación y desarrollo de nuevos productos y tecnologías.
Asimismo, aquellos que implican inversiones nacionales con fines ecológicos (reducción de las emisiones de dióxido de carbono o conservación de la biodiversidad) y los vinculados a enfermedades que afectan a los países pobres, como el Sida, tuberculosis y malaria.
El informe elaborado por el DEO recomienda a la dirección del Banco Mundial, dirigida por James Wolfensohn, elaborar en consulta con las Naciones Unidas, los donantes y los países en desarrollo, una estrategia global para sus programas.
También le recomienda formular un plan de financiación para los programas que tengan elevada prioridad, así como mejorar, racionalizar y clarificar los criterios del Banco en materia de aprobación, supervisión y evaluación.
Lele señaló que el estudio sacó a relucir que "muchos programas no están suficientemente financiados", lo que ha llevado a pensar que una de las funciones que podría asumir el Banco Mundial sería la de coordinar mejor los esfuerzos y recursos de sus distintos socios en los programas. Por el lado de los países en desarrollo, el problema -comentó la experta- es que éstos "generan una demanda exagerada" de recursos a pesar de que a veces no tienen capacidad técnica para asumir las responsabilidades que conlleva la ayuda.
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