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26 de octubre 2020 - 00:00

Vienen dos semanas cargadas de definiciones (y un error de Biden)

Con todo, Wall Street ya tomó partido. No le importa quién sea el ganador, mientras se imponga rápido.

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EEUU vive los días previos a las elecciones del 3 de noviembre.

AFP

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Serán dos semanas de vértigo. Con más contagios diarios de covid-19, que se disparan de manera vertical en Europa y marcaron un récord el viernes en EE.UU. (83 mil nuevos casos); el último tramo de la campaña electoral atizada por un presidente Trump corto de fondos e intención de voto, pero energizado por un desliz de Joe Biden -un exceso de sinceridad- en el último debate; el auge de la temporada de balances corporativos; y el desfile forzoso de los CEO de Google, Facebook y Twitter a rendir explicaciones en el Senado. Habrá una batería de reuniones de bancos centrales: Canadá, BCE y Japón. Se conocerán el PBI del tercer trimestre en EE.UU. y la eurozona (un rugido tras el descalabro del anterior por la cuarentena). A la par, siguen las sagas del brexit (que pasó de la versión dura a resucitar las negociaciones) y del estímulo fiscal agónico que persigue Trump y la veterana Nancy Pelosi le esconde, pero podría soltarle a último minuto (si piensa que Biden ya ganó). Y el quinto plenario del Comité Central del Partido Comunista chino remarcará el ascendiente de Xi Jinping y su pensamiento (elevado a la par de Mao). Con él habrá que sentarse a conversar en 2021 la agenda de comercio e inversión, propiedad intelectual y seguridad en el mundo. China es ya el principal acreedor bilateral global, y no pertenece al Club de París ni sigue sus procedimientos. La pandemia persistente, y la fragilidad de la deuda de los emergentes más endebles, aconsejan abrochar su compromiso.

Desde ya, nada importa más que el cierre de la elección presidencial, el martes de la semana próxima; 57 millones de personas votaron ya por anticipado cuando en 2016 el sufragio total sumó 130 millones. Se descuenta una participación sin precedentes. Las encuestas dan una ventaja amplia a Joe Biden, pero la batalla en los estados clave para conseguir la mayoría en el Colegio Electoral, siendo favorable, es muy ajustada y no permite relajarse. Así la noción en boga de una ola demócrata que les permita controlar el Senado se nubló con las lecturas de los sondeos recientes. El promedio de encuestas de Real Clear Politics ahora predice que los republicanos lo retendrán por un voto. Eso sí, la diferencia es menor que el margen de error de las mediciones. Y no sólo las estadísticas pueden equivocarse; también los candidatos. ¿Se carbonizó Biden en el último debate cuando, perseguido por Trump y en aras de la descarbonización, sostuvo que impulsará la transición de las energías convencionales a las renovables? ¿Perderá el favor de Pensilvania, de aquellos que viven de la actividad del fracking? El presidente que buscó colocar un golpe salvador de nocaut cree que lo embocó. “Es uno de los peores errores de la historia de los debates”, señaló después. “Quiere abolir la industria petrolera”, exageró. “Texas, ¿están prestando atención? ¿Pensilvania, Oklahoma, Ohio?”. Biden aclaró que no piensa en una mudanza inmediata, sino de años, pero cómo detiene la verba de un Trump en estado de necesidad. En referencia al plan de energía limpia de Biden, el presidente concluyó que quiere dejar a la nación sin aire acondicionado, aviones, ganadería ni electricidad. ¿Será el factor decisivo? El amperímetro de las encuestas y las apuestas no se movió a raíz del debate, pero nadie descarta un impacto negativo localizado y eso, en una elección reñida, puede pesar. Que lo diga Hillary Clinton con su prédica contra la industria del carbón en 2016. Con todo, Wall Street ya tomó partido. Dijimos que no le importa quién sea el ganador, mientras se imponga rápido. El S&P 500 se ubica a sólo 2,7% de los máximos absolutos, y no exhibe una volatilidad fuera de órbita. Se entusiasmó con el cuento de la buena pipa del estímulo extra previo a la elección, pero no se desesperó por su fracaso. Calmo, tampoco se montó a la ola de balances, mediocres pero mejores que lo esperado. El infierno tan temido de unos comicios a resolver en la Corte Suprema no está en los precios; todo lo demás, parecería aceptable. ¿Qué decir de una recaída en la recesión por el covid-19? En septiembre, Europa dio marcha atrás e inoculó la duda. Sin embargo, por lo visto, todavía no cruzó el Atlántico.

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