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9 de noviembre 2020 - 00:00

Biden y los mercados, sin ola azul pero con el paso de los toros

Nunca el Nasdaq ni el S&P 500 protagonizaron, el día después, un salto tan poderoso. De momento saborean los festejos.

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Joe Biden, presidente electo de EEUU.

Gentileza: ABC News

Wall Street ganó antes que Joe Biden. Una semana espléndida cerró con avances de 9% en el Nasdaq; 7,3% en el S&P 500 y 6,9% en el Dow Jones Industrial antes, mucho antes, de terminar el escrutinio. Que los nuevos casos diarios de covid- 19 traspasaran los 120 mil sin causar escozor confirmó lo crucial de despejar la incógnita política. No se produjo la ola azul que prometían las encuestas, pero el paso de los toros no deja dudas. Muerto el rey, viva el rey. El triunfo gris de Biden es bienvenido, y si viene con el cerrojo de un Congreso repartido, no hay objeciones. Aunque eso se resolverá recién en enero. Los EE.UU. están divididos como nunca pero Wall Street temía un correlato de caos institucional y violencia en las calles, y ni siquiera se vivió un desborde. Inefable, el presidente Trump se declaró ganador, denunció fraudes e inició pleitos varios, pero lo que las urnas no dan, los tribunales no prestan. ¿Detener el conteo de los votos? Es una decisión muy difícil de defender en una democracia, dijo James Baker, exsecretario de Estado de George W. Bush, el abogado que selló en la Justicia la porfía electoral con Al Gore en la Florida en 2000. Coronado por las grandes cadenas (incluyendo Fox News), Joe Biden señaló que es hora de que el país se una y sane. Así lo ve Wall Street con una pizarra semanal tapizada de verde por entero. ¿Cuán complicado será lograr que Trump acepte su destino de no repetir mandato y entrar así en el cuadro de los “perdedores” con James Carter y Bush padre? Lo único que cayó, y fortísimo, fue la volatilidad implícita de las acciones: 35%. Valga como respuesta de los mercados. Larry Kudlow, consejero económico de la Casa Blanca, dijo el viernes: “Respetamos el Estado de Derecho. También el presidente”.

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¿Cuán certera es la reacción inmediata de los mercados después de una elección? Impresiona la contundencia de su respuesta. Nunca el Nasdaq ni el S&P500 protagonizaron, el día después, un salto tan poderoso. Tampoco al cabo de la primera semana. Igual de rotundos fueron la caída del dólar (sólo superada en ocasión del triunfo de Bush padre en 1988) o la suba del oro. ¿Qué tan acertada es la radiografía implícita que se deriva del nuevo mapa de calor? ¿Es tan bueno para las tecnológicas un Biden maniatado? Mucho mejor que si pudiera aplicar sus ideas impositivas (aunque quizás no a largo plazo). Eso explica su alza furibunda. Perfecto. Pero, si Biden no tendrá manera de aplicar a fondo su programa de campaña, ¿cómo justificar que a la par se retraiga tanto el dólar? Se podría alegar que si la política fiscal expansiva se frustra, la Fed se verá obligada a mantener las tasas cortas en cero por más tiempo, pero es una explicación con fórceps. Es más honesto sostener que hay un cliché asociado a Biden y los mercados lo han seguido al pie de la letra.

¿Quién controlará el Senado? Esa es la pregunta del millón. Los dos asientos que se elegirán en segunda vuelta en Georgia el 5 de enero encierran la respuesta correcta. ¿Deberá Biden negociar con Mitch Mc Connell, el líder de la mayoría republicana actual, el futuro de sus iniciativas? ¿O tendrá los números suficientes con gente propia? El candado opositor inmovilizó a la política fiscal de Obama por completo en los seis últimos años de su doble mandato. Y la intransigencia no la fogoneaba todavía Trump. El Senado republicano fue más duro que el presidente en la negociación que impulsaron Steven Mnuchin y Nancy Pelosi sin éxito antes de las elecciones. Los mercados confían en que la pandemia tenderá un puente de entendimiento. Es razonable. El propio Mc Connell ya hizo el convite, pero la clave es el tamaño del plan. Trump urgía por un paquete de 1,8 billones de dólares y lo rechazaron. Habrá que bregar mucho para conseguir un billón. Ni hablar de 2,2. Los mercados de momento saborean los festejos, pero ese es un caramelo de piedra.

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