6 de marzo 2002 - 00:00

Bueno: sin castigo para ventas de acero

Las exportaciones siderúrgicas argentinas al mercado estadounidense quedaron excluidas de la suba de aranceles de importación anunciada ayer por el presidente George W. Bush.

Estaban en juego cerca de 140 millones de dólares anuales y medio millón de toneladas en ventas de productos siderúrgicos.


Finalmente, ayer Bush decidió proteger a la industria siderúrgica estadounidense y a sus trabajadores contra lo que se considera una oleada de importaciones de acero. En forma tal, que desoyó las advertencias de los principales países productores y exportadores que irían a la OMC a la vez que tomarían represalias comerciales ante el proteccionismo americano.

Bush estableció, por el término de tres años, subir los aranceles a la importación de productos siderúrgicos entre 8 por ciento y 30 por ciento, a partir del próximo 20 de marzo.


Junto con la Argentina, en la región se vio beneficiado México, uno de sus aliados estratégicos comerciales.

Para la Argentina la decisión del gobierno americano tiene una lectura política, en términos de una señal de apoyo, y una económica, en cuanto a la eficiencia de la industria local.

Carlos Leone
, titular del Centro de Industriales Siderúrgicos, consideró ayer que «el gobierno americano entendió que una de las mejores maneras de ayudar a la Argentina era no cerrando los mercados a las exportaciones».

Leone
explicó que, según el comunicado conocido ayer, Bush excluyó a la Argentina por ser un país en desarrollo con una participación en las importaciones totales de acero de 3%.

El peso de las exportaciones argentinas de acero a Estados Unidos representa menos de 1% del total (EE.UU. importa 38 millones de toneladas).

El ejecutivo de Acíndar sostuvo que no era esperable un aumento significativo en las ventas a EE.UU. porque la industria argentina no tenía tanta capacidad para incrementar las exportaciones. En cuanto al temor de que el cierre del mercado americano detone una avalancha de importaciones desleales desde países de Europa del Este y Asia, Leone consideró que, tanto por las condiciones macroeconómicas (la devaluación) como por la suba de aranceles dispuesta por el anterior gobierno, sería muy difícil que se bastardee el mercado interno con importaciones con dumping.

Leone
se manifestó más proclive a esperar una administración de la capacidad ociosa existente en el mundo, más que una guerra de precios. «Se verán cortes a la producción sobre todo de usinas obsoletas de países que no han hecho ninguna reestructuración».

Entre los principales damnificados figuran Brasil, Corea del Sur, Japón, Rusia, Alemania, Turquía, Francia, China, Australia y Holanda.

La Unión Europea y otros socios comerciales de Estados Unidos, incluyendo Japón, han amenazado con acudir a la Organización Mundial de Comercio, pero Bush defendió la medida como legal bajo los reglamentos del organismo.
Las siderúrgicas estadounidenses responsabilizan a los bajos precios de las importaciones por las 31 bancarrotas declaradas en el sector desde 1997.

La decisión de Bush podría incidir en las elecciones de mitad de período presidencial que se realizarán en noviembre, e incluso en las posibilidades de reelección del presidente en 2004, cuando los principales estados productores de acero, Pennsylvania y Ohio, podrían tener una influencia crucial.

Dejá tu comentario

Te puede interesar