Bueno: sin castigo para ventas de acero
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Estaban en juego cerca de 140 millones de dólares anuales y medio millón de toneladas en ventas de productos siderúrgicos.
Bush estableció, por el término de tres años, subir los aranceles a la importación de productos siderúrgicos entre 8 por ciento y 30 por ciento, a partir del próximo 20 de marzo.
Carlos Leone, titular del Centro de Industriales Siderúrgicos, consideró ayer que «el gobierno americano entendió que una de las mejores maneras de ayudar a la Argentina era no cerrando los mercados a las exportaciones».
Leone explicó que, según el comunicado conocido ayer, Bush excluyó a la Argentina por ser un país en desarrollo con una participación en las importaciones totales de acero de 3%.
Leone se manifestó más proclive a esperar una administración de la capacidad ociosa existente en el mundo, más que una guerra de precios. «Se verán cortes a la producción sobre todo de usinas obsoletas de países que no han hecho ninguna reestructuración».
Entre los principales damnificados figuran Brasil, Corea del Sur, Japón, Rusia, Alemania, Turquía, Francia, China, Australia y Holanda.
La Unión Europea y otros socios comerciales de Estados Unidos, incluyendo Japón, han amenazado con acudir a la Organización Mundial de Comercio, pero Bush defendió la medida como legal bajo los reglamentos del organismo. Las siderúrgicas estadounidenses responsabilizan a los bajos precios de las importaciones por las 31 bancarrotas declaradas en el sector desde 1997.
La decisión de Bush podría incidir en las elecciones de mitad de período presidencial que se realizarán en noviembre, e incluso en las posibilidades de reelección del presidente en 2004, cuando los principales estados productores de acero, Pennsylvania y Ohio, podrían tener una influencia crucial.



