Si bien en los mercados del exterior la planicie volvió a ser el territorio transitado, a sabiendas que todo lo que jugaba sólo como expectativa y deseos quedó flotando en el aire, la nota de ayer fue dada por el andar de nuestro mercado local. Que, mientras los otros se movieron en la arena, el Merval pisó en zona movediza: y el desarrollo, se lo tragó...
Recorrida por los europeos fue un denominador común, monótono, de muy leves diferencias en el vacío de estímulos que predominó. Una zona intermedia que deberá romper con actitudes más decididas, según se la provea de noticias, o nuevas versiones. Lo mismo pasó por el ámbito del Dow Jones -sólo un 0,08% de variante-, se extendió al Bovespa que declinó suave un 0,26%. Pero, produjo un estallido
-fuera de todo marco- en la actuación de Buenos Aires. Unico móvil a la vista, las disposiciones de la «CNV» sobre valuación de activos extranjeros -a dólar oficial- que fue como elemento fatal para los precios accionarios. Se formalizó una «corrida», sin diques, con la aleación más dañina:
la depresión en cotizaciones, con suba de volumen. Yendo hasta un mínimo de «2.369» puntos -el anterior cierre había sido de «2.458»- se mejoró apenas en el final, quedando en los «2.381» puntos. Total de «26» alzas, pero con el inusual número de «77» papeles en baja, se encargó de denunciar que el ataque vendedor surcó de punta a punta del panel: y sobre todo calibre de papel. Como marco, el monto tratado que se elevó a unos 55 millones de pesos de efectivo: alimentando la caída Merval del 3,15 por ciento. Impacto en la línea de flotación, dejando un rumbo abierto en el casco. Y la Bolsa, a los botes...
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