La balanza comercial argentina con EE.UU. comenzó
a crecer y a ser superavitaria una vez que se puso en
marcha el sistema SGP en 2002. Las exportaciones
pasaron de u$s 3.090 millones a unos u$s 5.000 para
este año.
El análisis de la vigencia del programa SGP (Sistema General de Preferencia) por parte del gobierno norteamericano debe completarse en los próximos meses y las autoridades prevén anunciar su decisión final (si mantenerlo o eliminarlo para trece países, incluyendo la Argentina) en noviembre, según indicó ayer la Oficina de la Representante de Comercio Exterior (USTR).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La representante de Comercio Exterior de EE.UU., Susan Schwab, explicó ayer en un comunicado que el presidente George W. Bush iniciará la segunda fase de su revisión del SGP, aprobado por el Congreso en 1974 con el objetivo de impulsar la economía de los países en desarrollo.
El objetivo de la revisión, la primera en 20 años, «es que más países subdesarrollados se beneficien del programa y que el comercio sea un instrumento para su desarrollo económico», indicó Schwab. El programa permite la importación libre de aranceles de más de 3.400 productos de 133 países y territorios.
En 2002, Bush promulgó una ley que autorizó la continuación del programa hasta el 31 de diciembre de 2006. La ley que estableció el SGP permite al presidente norteamericano eliminar, suspender o limitar las preferencias arancelarias, además de que impone límites a las importaciones de ciertos productos beneficiados, salvo que el Poder Ejecutivo haga excepciones. Si EE.UU. decide finalmente anular el programa -la USTR recibirá comentarios al respecto hasta el 5 de setiembre-, los países afectados serían la Argentina, Brasil, Croacia, India, Indonesia, Kazajistán, Filipinas, Rumania, Rusia, Sudáfrica, Tailandia, Turquía y Venezuela.
Bajo el programa comercial, EE.UU. importó un total de 26.700 millones de dólares en productos de los países en vías de desarrollo en 2005, un incremento de 18% respecto del año anterior. «Los países latinoamericanos no deben siempre buscar la solución en Washington. Pueden hacer mucho por sí mismos, comenzando con esa apertura», puntualizó Schwab.