11 de abril 2002 - 00:00

COMPAÑÍAS DE SEGUROS: REGRESO AL PASADO

Contacto: Carina López Espiño, Buenos Aires, 54 114-4891-2118

Luego de una década dedicada a enmendar errores pasados, la industria del seguro había comenzado a mejorar su solvencia y transparencia, preparándose para exhibir ganancias por primera vez en años. Sin embargo, la gravedad de la crisis ahogó toda esperanza de que una recuperación definitiva de la industria se produzca en un futuro cercano. Además de la prolongada recesión que afectó los niveles de producción y recaudación, las aseguradoras padecieron un fuerte deterioro de la calidad crediticia de sus inversiones, presiones sobre su liquidez producto del canje de deuda compulsivo y de la crisis bancaria, y profundas alteraciones en el marco operativo como consecuencia de la devaluación de la moneda y la pesificación de la economía.

DETERIORO DE LAS INVERSIONES
Las inversiones de las aseguradoras estaban compuestas principalmente por títulos públicos y depósitos a plazo. En noviembre pasado, por medio del canje de deuda al que las compañías fueron “uertemente invitadas”a participar, los títulos anteriormente líquidos fueron remplazados por préstamos del gobierno de plazo mayor, menor rendimiento y sin negociación en los mercados secundarios es decir, inútiles para hacer frente al pago de siniestros o rescates.
En este contexto, las limitaciones al retiro de depósitos exacerbaron las dificultades del sector. Dado que se autorizaron los flujos dentro del sistema financiero y las aseguradoras casi no hacen uso de efectivo en sus operaciones normales, las restricciones iniciales no debían afectar de manera significativa el desempeño operativo del sector, más allá de la creciente morosidad en las cobranzas de primas. Sin embargo, los peores efectos de la crisis bancaria estaban lejos de haber terminado. El mayor desequilibrio ocasionado por la posterior devaluación llevó a las autoridades a reestructurar los depósitos, extendiendo sus vencimientos. El impacto de esta medida en la liquidez del sector asegurador se vio mitigada en febrero por la decisión gubernamental de autorizar a las compañías a hacer disponibles los depósitos necesarios para enfrentar el pago de siniestros.
Cada ramo de seguros sobrelleva las limitaciones con distinto grado de éxito. Si bien las empresas de seguros generales y de vida sin cláusulas de ahorro lograron cumplir con el pago de siniestros y gastos con el producido de la cobranza de primas y las pocas inversiones líquidas, las presiones sobre las compañías de vida y retiro con productos de ahorro se tornaron en muchos casos insostenibles. El ambiente cada vez más incierto genera mayores pedidos de rescate, que combinado con la menor liquidez de las inversiones del sector, exacerba los problemas de estas compañías.

EL FIN DE LA CONVERTIBILIDAD
En una economía altamente dolarizada, una devaluación da lugar a una radical redistribución de la riqueza, descalces de monedas y cambios en el comportamiento de los agentes económicos. En el caso de Argentina, el grado de improvisación en la implementación de la devaluación y otras medidas económicas acompañadas por un cambio constante de las reglamentaciones y regulaciones incompletas o poco claras agregaron aún más confusión. Como la mayoría de las pólizas de seguros se hallaban denominadas en dólares, las aseguradoras comenzaron a revisar los términos de sus contratos. Haciendo uso de la Ley de Emergencia Económica, algunas compañías optaron convertir sus obligaciones a la paridad 1:1. Aunque este acuerdo resulta relativamente aceptable para las empresas de seguros generales debido a su simetría por pesificarse por igual el pago de siniestros a cargo de las compañías y el de las nuevas primas a cargo de los asegurados, el acuerdo resulta inaceptable en el caso de los productos con capitalización, ya que implica la pérdida de la mayor parte de los ahorros de los tenedores de pólizas. Si bien algunas otras compañías acordaron pagar sus obligaciones en dólares tipos de cambio menos perjudiciales, la decisión final fue dejada en manos de partes involucradas sin un marco regulatorio claro. La falta de un Superintendente de Seguros contribuyó a la confusión general, ya que no había autoridades pugnando por regulaciones que exigen las idiosincrasias de la industria. Afortunadamente, la reciente designación de un nuevo Superintendente ha comenzado a traducirse en un marco regulatorio más claro para el sector.

CONCLUSIÓN
La crisis argentina plantea serios interrogantes sobre el futuro de la industria. Primero, muchas compañías dedicadas a productos de ahorro podrían desaparecer, ya que perdieron su atractivo luego de que los asegurados sufrieran enormes pérdidas como consecuencia de la pesificación de sus fondos. En este contexto, los productos de capitalización brindados por compañías offshore, aunque prohibidos, podrían tornarse populares una vez más, como fue el caso en los 80'. Segundo, continúa siendo poco claro si los accionistas extranjeros alguna vez decidirán recapitalizar a compañías cuyas perspectivas de negocios son inciertas a futuro. En cualquiera de los casos, algunos de los escenarios probables comienzan a asemejarse al perverso modelo de negocios de los 80: el riesgo de regresar a un organismo de reaseguro monopólico que reemplace la falta de credibilidad internacional, cláusulas indexatorias que protejan los balances de inflación creciente y una mayor “egociación”de los montos de los siniestros y fechas de pago en función de la disponibilidad de recursos líquidos.





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