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7 de abril 2006 - 00:00

Con una CGT semivacía, Moyano reiteró promesas

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Hugo Moyano (centro) reunió ayer a su tropa sindicalista en el Comité Central Confederal de la CGT para analizar la convocatoria al Consejo del Salario Mínimo.
Casi no pudo contener la risa Hugo Moyano cuando dijo: «Si algún día llegara a haber algún problema con el gobierno, no les quepa duda que vamos a hacer lo que haya que hacer». Fue la expresión más audaz del secretario general de la CGT durante el Comité Central Confederal, que se realizó ayer en el salón Felipe Vallese de la CGT, con la ausencia de los titulares de los sindicatos denominados «gordos» (Armando Cavalieri, Oscar Lescano, José Pedraza, Carlos West Ocampo) y de Luis Barrionuevo.

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En términos de reivindicaciones sindicales, la asamblea que presidió ayer Moyano confirmó lo que se venía anticipando en este diario: el gobierno dejó al camionero con las manos vacías para enfrentar a los demás gremios. Es decir, no se satisfizo ninguna de las demandas que la cúpula de la CGT, con escasa convicción, había llevado a la mesa de los ministros a quienes visitó en los últimos tiempos: desde Alberto Fernández hasta Felisa Miceli, pasando obviamente por Carlos Tomada, el titular de la cartera laboral.

De todas esas demandas, la que más le interesó mantener en vilo es la convocatoria al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Los sindicatos aspiran a que el nivel actual para ese ingreso básico, de $ 630, se eleve a $ 854.

Néstor Kirchner no le dio siquiera una fecha para seducir a los demás colegas del confederal. Sobre todo a los que representan a trabajadores de menores ingresos, que serían los más beneficiados con un ajuste en el mínimo. En general se trata de sindicatos con poca capacidad de presión y movilización, que dependen de esa decisión política del gobierno para obtener aumentos salariales. «Yo sé que se va a convocar pronto», insinuó Moyano refiriéndose a ese Consejo, como si fuera un embajador de la Casa Rosada ante el sindicalismo, no lo contrario.

  • Estatales

  • Otras demandas tampoco recibieron respuesta por parte del gobierno pero Moyano no puso énfasis en eso: es el caso del aumento de 30% en los haberes jubilatorios (aún cuando Sergio Massa, el titular de la ANSeS, les prometió a los sindicalistas que ocurrirá) y de 50% de incremento en las asignaciones familiares. El Comité de ayer delegó en el Consejo Directivo la gestión de todas estas pretensiones.

    Un reclamo que tal vez se vuelva más conflictivo que los anteriores es el de los estatales que presionan por más salarios. Pablo Miceli, el titular de ATE, ya anunció un paro de la administración pública para este mes. Miceli (que no es pariente de la ministra) pertenece a la Confederación de Trabajadores Argentinos que conduce Víctor De Gennaro. Su conflicto es un desafío para la otra organización que representa a los trabajadores del sector público, la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), que encabeza Andrés Rodríguez. Será interesante este campeonato: Alberto Fernández, el titular de la paritaria estatal desde el gobierno, ha elegido desde hace tiempo la interlocución de Rodríguez. A pesar de que Miceli se deshace en elogios hacia la orientación «progre» del kirchnerismo.

    Si alguien esperaba ayer que, por la ausencia de los «gordos» o de Barrionuevo, Moyano hiciera alguna señal de apertura en su manejo egocentrista de la CGT, se equivocó: «Esto parece un congreso de los camioneros», dijo uno de los asistentes, integrante del Consejo Directivo. En efecto, Moyano ordenó cubrir todo el salón Vallese con las banderas de su propiaorganización. No toleró siquiera las que, tímidamente, había colgado «Mister Cloro», como se conoce a su segundo, el disciplinado José Luis Lingieri, quien comanda el gremio de Obras Sanitarias (ex Aguas Argentinas, hoy AySA). A Lingieri Moyano lo ignoró allí como en la Administración de Programas Especiales de la Superintendencia de Salud.

    Esta estética importaría poco si no se trasladara también al reparto de cargos y dinero: allí también los camioneros acaparan todo. Por eso faltaron los «gordos» y Barrionuevo, quienes se disponen a esmerilar al jefe de la CGT, primero vaciándolo y más tarde convocando a un congreso que, suponen, podría destronarlo. Es hora de comenzar el recuento de delegados.

  • Maltrato

    Nada de esto se discutió en voz alta ayer. Aunque, por las dudas, Moyano ordenó que el Comité Central Confederal se desarrollara sin la presencia del periodismo. En un par de casos (el diario «La Nación» y la agencia «NA»), los colaboradores de Moyano echaron a los cronistas a su manera, es decir, mal. La intención fue, según pareció, solamente maltratar. Los que fueron retirados del salón se apostaron a 5 metros de allí para escuchar cómodamente lo que se decía adentro, que en ningún caso fue demasiado interesante. Hacía tiempo que no se incurría en estas prácticas en el sindicalismo argentino.
  • Últimas noticias

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