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14 de mayo 2008 - 00:00

Condiciona la UIA al gobierno: no firma pacto sin el campo

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Luis Betnaza, de Techint (a pesar de la inacción oficial en el caso Sidor), y Juan Carlos Lascurain encabezaron la delegación de la UIA convocada por Cristina de Kirchner. Pidieron que el campo firme el Acuerdo del Bicentenario, acto cada vez más improbable.
La firma del Acuerdo del Bicentenario, que el gobierno aspira a concretar el 25 de mayo, quedó ayer más en duda que nunca tras la reunión de Cristina de Kirchner con la UIA (Unión Industrial Argentina). Sus dirigentes llevaron ayer a la Casa Rosada el mandato que horas antes le había dado la junta directiva por unanimidad: esta especie de parlamento de la entidad le ordenó al comité ejecutivo transmitir al gobierno que el Acuerdo del Bicentenario debe ser firmado por todos los sectores productivos y del trabajo del país. O sea, y aunque no lo mencione por su nombre, también con el campo. El propio secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, firmó prácticamente el acta de defunción del Acuerdo del Bicentenario al decirles a los industriales que la necesidad de reunir a los equipos técnicos de cada sector para trabajar los temas específicos hacía imposible llegar a esa fecha.

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La posición, con ser antitéticacon el objetivo de la convocatoria, no pudo ser eludida por Juan Carlos Lascurain (titular de la UIA) y quienes lo acompañaron a la Rosada. Por eso, no hubo ni comunicado ni declaraciones públicas: ésa fue la orden con la que dejaron Balcarce 50 los dirigentes de la UIA tras su encuentro con Cristina de Kirchner, reunión programada de manera unilateral por el gobierno.

Pero a pesar del silencio de ambas partes, quedó como un hecho el planteo industrial de incluir al campo en el así llamado «Acuerdo del Bicentenario», que la Presidente aspira a firmar con todos los sectores el 25 de mayo próximo. Sin embargo, ese acto público parece cada vez más improbable, y quizás -si el gobierno decide avanzar con la firma- no pase de una mera formalidad para las cámaras y los micrófonos.

La UIA insistió ayer en que debe ser un acuerdo en el que estén todos los factores de la producción y el trabajo, que «no sea sólo coyuntural, sino que marque las relaciones en la sociedad por un largo período», según le contó a este diario uno de los participantes del encuentro.

  • Rebelión

  • Hace un par de semanas, en otra asamblea de la junta directiva, los representantes del interior se habían poco menos que rebelado contra la firma del acuerdo, posición que le había adelantado Lascurain al ministro Julio De Vido, y le pidieron que se postergara hasta que se arreglara con el campo.

    Desde entonces, las presiones sobre la UIA fueron permanentes, y culminaron con la convocatoria de ayer.

    A la mandataria la acompañaron un casi silencioso Alberto Fernández, De Vido (con su ladero Roberto Baratta) y Carlos Zannini. Se sentaron con ellos poco más de la mitad de los miembros del Comité Ejecutivo de la entidad, encabezados por Lascurain; tambiénestuvieron Héctor Massuh (papeleros), Luis Betnaza (Techint), José Ignacio de Mendiguren (indumentaria), Héctor Méndez (plásticos), Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza), Adrián Kaufmann Brea (Arcor), José Luis Basso y Rodolfo Achille ( autopartistas), Daniel Funes de Rioja y Roberto Domenech (COPAL).

    Algunas ausencias llamaron la atención, como la de Federico Nicholson, vicario de Carlos Pedro Blaquier en la central fabril; seguramente evitó el «tête à tête» con la Presidente para evitar líos internos con su otro sector: después de todo, Ledesma es un conglomerado tan industrial como agropecuario. La misma dicotomía abarca a muchos de los que estuvieron ayer en Balcarce 50; es el caso de De Mendiguren, que tiene campos, o de Acevedo, cuya empresa es la principal procesadora de soja del país pero también tiene uno de los mayores criaderos de ganado porcino de la Argentina.

    El propio De Mendiguren había dicho horas antes que «ya no existe división entre el campo y la industria: somos lo mismo», una posición que le causó algún reproche en la reunión de ayer.

    Si bien no hubo gritos destemplados ni acusaciones por parte de la Presidente, los industriales se fueron con la sensación de que no dará fácilmente el brazo a torcer en la guerra contra los productores agropecuarios. Algún industrial se animó -ya en confianza- a sugerirle que «mire que tengo que volver a mi pago, y me van a preguntar cómo sigue esto; si los hombres de campo tienen dirigentes intransigentes,quizás ustedes deberían dar muestras de mayor flexibilidad». La Presidente no aceptó la sugerencia, y reafirmó que seguirán con la misma postura.

    Otra fuente relata que De Vido extrajo de entre sus papeles un viejo pliego de reclamos que viene presentando la UIA desde hace casi un lustro, y en el que se incluyen la necesidad de sancionar una nueva ley de accidentes de trabajo (de ahí la presencia de Funes de Rioja), de desgravar las reinversiones de utilidades de las pymes, de garantizar el financiamiento a largo plazo para el sector, etcétera. Casi una formalidad para la tribuna: el gobierno conoce de sobra estas cuitas de la UIA, pero hasta ahora parece pensar que es suficiente con la bonanza que le regaló a la industria durante todos estos años con barreras paraarancelarias y tipo de cambio alto.

    Tampoco fue una sorpresa para la concurrencia que se hablara de ese documento: por la mañana, Lascurain y un par de dirigentes más habían estado en el despacho de De Vido tratando de coordinar el temario de la reunión con la Presidente.

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