Las calificaciones son evaluaciones acerca de la capacidad y voluntad de un emisor de honrar su deuda en tiempo y forma a través del devenir normal de los ciclos económicos, políticos, de precios de commodities y de tasas de interés. Dada su naturaleza prospectiva, las calificaciones se basan en opiniones de analistas experimentados acerca de cómo reaccionarán los líderes empresariales y políticos frente a shocks exógenos. En este sentido, una guerra en Irak podría alterar los patrones normales de los cuatro ciclos y poner a prueba a los distintos líderes. Sin embargo, Standard & Poor's ha mantenido sus calificaciones soberanas en la opinión de que una guerra, en caso de ocurrir, sería breve y decisiva con un breve impacto en los precios del petróleo y otros commodities (incluyendo el oro), la debilidad de las monedas transables en la región, tales como el shekel israelí, la libra egipcia o libanesa, o la lira turca, debería ser un factor controlable y la aversión al riesgo por parte de los inversores internacionales no se incrementaría demasiado. Bajo este benigno conjunto de supuestos, cualquier baja de calificación soberana resultaría de factores específicos de las decisiones de cada gobierno. Por el contrario, la mejora del consumo mundial y la percepción de los inversores que podrían resultar de un cambio en el régimen iraquí podrían ayudar a los gobiernos que dependen del financiamiento comercial externo y disminuir la amenaza que actualmente enfrentan diversos gobiernos de la región.
No obstante, como se explicó en el artículo “nalizando el pasado, vislumbrando el futuro: Una visión de las tendencias crediticias soberanas en enero de 2003”(publicado el 19 de diciembre de 2002), una guerra en Irak incrementaría el nivel de riesgo. Aunque el resultado más probable de la guerra sea una rápida victoria, también podrían existir escenarios mucho peores como por ejemplo que la guerra se prolongara con intensas luchas callejeras en ciudades iraquíes, que las plataformas petroleras iraquíes se vieran envueltas en llamas, que el daño resultante de la guerra se extendiera más allá de Irak, afectando profundamente a los yacimientos petrolíferos y puertos de los Estados del Golfo o que Tel Aviv fuera atacada con armas químicas o biológicas. Eventos de este tipo podrían incrementar el nivel de riesgo y afectar la calidad crediticia de los países involucrados de diversas maneras.
Según la metodología de calificación de gobiernos soberanos publicada en el artículo “overeign Credit Ratings: A Primer” (Abril 2002), estos riesgos pueden agruparse en cinco categorías.
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