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Sin embargo, tanto las petroleras productoras de gas como los expertos en el tema, coincidieron en que efectivamente el gobierno de Néstor Kirchner está decidido a no tener problemas con los consumidores residenciales. Esta decisión no sólo tiene una connotación política: los domicilios son los únicos usuarios que no pueden usar combustible sustituto para cocinar o para el baño, y, salvo a costa de un gran gasto en electricidad, pueden calefaccionarse con ese insumo.
El problema, coinciden todos los consultados, es que hasta ahora, el gobierno no tiene elaborado un plan para sustentar esa decisión política, por lo cual llegado el momento de la crisis, puede haber serios forcejeos entre los que demandan gas.
Así, por ejemplo, la Secretaría de Energía había dejado trascender la posibilidad de cortar el GNC a las estaciones de servicio por un plazo de 30 a 45 días en el invierno. Pero para poder cortar efectivamente el gas a esos surtidores habría que colocar una válvula que abra y cierre el paso del gas desde el caño. Frente a esta dificultad, se está pensando ahora en un aumento extraordinario al GNC. Se habla de $ 2 por dos meses, para desalentar el consumo, y darle a los taxistas una tarjeta para comprar el producto a precio preferencial. Pero los analistas también dudan que Kirchner dé el visto bueno a una decisión de esa naturaleza. Otra alternativa que se estudia es cortarle a toda la industria que usa gas más barato porque paga servicio ininterrumpible, en una segunda etapa cortarle a las centrales que generan electricidad, y por último a las grandes industrias que contrataron gas firme y lo pagan más alto.
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