El conflicto en Aerolíneas Argentinas, lejos de haberterminado con la casi normalización de sus frecuencias, tuvo ayer una de sus jornadas más intensas desde que se desató el viernes pasado este nuevo capítulo de la guerra entre los pilotos y la empresa: tal como adelantó este diario, Gonzalo Pascual y Gerardo Díaz Ferrán -principales accionistas de la aérea- se reunieron con el jefe de Gabinete Alberto Fernández, encuentro al que, sobre el final, se sumó la presidente Cristina de Kirchner. La mandataria, se dice, llegó especialmente a la Casa Rosada para la reunión, adonde no tenía previsto concurrir ayer, como viene haciendo casi desde que asumió, salvo para recibir a celebridades como Naomi Campbell o el dúo Joan Manuel Serrat-Joaquín Sabina. Esta vez, si bien sus huéspedes también eran un dúo de españoles, seguramente el diálogo fue menos baladí y las afinidades ideológicas tampoco tantas; en sentido inverso, los ibéricos de ayer aseguraron que invertirán varios centenares de millones de dólares en la renovación de la flota de Aerolíneas, en tanto los veteranos cantautores progresistas sólo pueden prometer repetir «ad náuseaum» viejos éxitos.
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El tour de los españoles no terminó allí: también se vieron por la tarde con Julio de Vido (ministro de Planificación), su par de Trabajo Carlos Tomada y el secretario de Transporte Ricardo Jaime.
Sin embargo no fueron esas las únicas reuniones: Jorge Pérez Tamayo, secretario general de APLA (Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas) fue obligado a dejar sus vacaciones en Bariloche para encontrarse con el secretario general de la CGT Hugo Moyano, que además mantiene un liderazgo indiscutido sobre todos los gremios de transporte. El rumor indica que Moyano habría actuado a pedido de la propia presidente, que quiere evitar casi por cualquier medio la repetición del caos y las escenas de violencia que se vivieron en Ezeiza el pasado fin de semana, y que dieronla vuelta al mundo en todos los medios electrónicos y escritos del planeta.
Así, el mensaje de Moyano habría sido claro: paz social hasta que se firme el acuerdo definitivo entre empresa, gremios y gobierno, negociación que insumiría unos tres meses. Se ignora cuál fue la respuesta del jefe de los comandantes.
Pérez Tamayo viene encabezando la más tenaz resistencia al grupo que se quedó con Aerolíneas Argentinas tras la salida de Iberia y la estatal española SEPI. El fin de semana pasado sus afiliados, con el sencillo recurso de «quite de colaboración», causaron decenas de retrasos y cancelaciones de vuelos. Además, los pasajeros violentos de Aerolíneas provocaron la demora de vuelos de otras compañías, al constituirse en «piqueteros» espontáneos e impedir el embarque en los demás mostradores.
Lo llamativo del caso es que la otra gran fuente de conflictividad dentro de la aérea, o sea APTA (técnicos) no se plegó a la protesta a pesar de que su secretario general, Ricardo Cirielli, abandonó la subsecretaría de Transporte Aerocomercial haciendo pública su sorda, larga pelea con su superior (en teoría), el secretario Jaime.
En la reunión de ayer en la Casa Rosada se conversó básicamente de dos tópicos: uno fue qué porcentaje tomará el Estado del capital de Aerolíneas (tiene 5%; lo llevarían a 15%) pero sin discutir montos ni forma de pago; el otro eje de la charla fue el futuro acuerdo de paz social, que fijaría inversiones en flota, aumentos salariales y regularización de la empresa a cambio de un compromiso de cese de hostilidades entre la aérea y los seis gremios que actúan en su seno.
Imitando una costumbre instaurada por su esposo Néstor Kirchner, la actual presidente irrumpió «fuera de programa» en el despacho de Alberto F. para saber de qué se hablaba, y de paso para exigirle a los empresarios -que concurrieron con el «dos» de la compañía, Jorge Molina- que eviten «como sea» nuevos episodios como el de Ezeiza del viernes y el sábado.
Nueva actitud
De estas intervenciones oficiales (y de oficio, como la de Moyano) se desprende una nueva actitud del gobierno frente a la crisis que atraviesa Aerolíneas y que la pone en serio riesgo de supervivencia. El auxilio, de todos modos, llega tarde y es insuficiente: los accionistas españoles insistieron ante Fernández que se cumpla con lo que el mismo funcionario firmó en Madrid hace poco más de un año, o sea la rebaja de 50% en el IVA a los combustibles, la eliminación de ese gravamen en la compra y leasing de aviones y la posibilidad de asegurar las aeronaves fuera del país. Todo esto, dijeron, ya había sido acordado con el gobierno y redundaría en un beneficio indudable no sólo para Aerolíneas sino para todas las empresas aerocomerciales de la Argentina.
En lo que hace a los vuelos, ayer fue una jornada casi normal; como adelantó ayer este diario, hubo algunos vuelos que fueron «consolidados» (tres frecuencias convertidas en una sola) por falta de pasajeros; los aviones que debían cubrir esas rutas fueron destinados a otras con pasajeros acumulados desde el fin de semana.
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