... Parece que nos vamos a pasar el año así: con todo el mundo abriendo la boca y esperando que un Alan Greenspan le deposite algún «alimento» para el buche y para permitir continuar con la tendencia. La desesperación porque el veterano hacedor decida subir el pulgar de nuevo y aflojarles otro «medio punto», ya se traduce en un principio de mendicidad fastidioso. Esos «fundamentals», de que hablaba muy orondo Soros en la nota que le reflejáramos al lector, y en la teoría dice que parten de los mercados a las empresas, yendo hacia la propia macroeconomía, están ahora dependiendo de dinero barato que le faciliten. Será por la formación inicial que cada uno tuvo en sus comienzos en convivencia con «viejos» de la Bolsa. Será por obras con que nos hemos tropezado, lo cierto es que siempre nos resulta antipático y antinatural un mercado que precise de muletas, que pida regulaciones a las bajas, o que esté mendigando apalancamientos especiales. Así como la intervención del Estado en cuestiones de mercado, de tendencias naturales, como quien llama a los bomberos después que dejó caer la colilla encendida en la alfombra. Pero, el mundo está funcionando así, nadie duda en solicitar andadores si ve que se vienen épocas difíciles. Y seguimos pensando qué hubiera sido de Wall Street si es que la Fed no bajaba la tasa en enero, del modo súbito y apreciable en que lo hizo...
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Pues, a finales de mes se está esperando por otra ración oportuna, antes que dejar que el fabuloso ciclo de una década proceda a filtrarse, a corregirse, a depurar los frutos maduros y sacudir un poco el árbol. Pero, no, el asunto es que todos quieren seguir colgados de las ramas y que el viaje hacia arriba prosiga su camino al cielo: por más que todos sepan que eso no es posible ¿Qué se pretende de un mercado? Que llegue al absurdo del siempre sube, y si diez años de hacer ganancias sobre ganancias no es suficiente, pocas cosas puede que lo sean. La impresión de que se quiere dilatar lo inevitable, el término de los artilugios (como fue incluir a las tecnológicas en el Dow para buscarse otro techo), seguirá flotando a lo largo de este inicio de milenio que quiere inventar «la Bolsa de goma», la que nunca decaiga, y donde todos ganen siempre. Dónde nos llevará esto, es difícil de saber, más todavía si Greenspan prosigue siendo generoso y abre las manos con otro medio punto: y si es que tampoco allí se vea los mercados retomando su fuerza. Por Buenos Aires la onda verde no se detuvo, se han pasado semáforos sincronizados para permitir alta velocidad en enero y también se procura enganchar con otra onda verde. Informate más
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