12 de febrero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

«No hay precios de referencia», le estará contestando el grueso de los martilleros, ante una consulta por equis propiedad, que usted haya visto en venta. Y está bien. La nebulosa es tan grande y se ha perdido de tal modo el sentido de los precios relativos, así como de asfixiante se convirtiera para nuestra economía el cerco denominado «corralito». No hay dinero contante y sonante, no hay crédito, solamente se enarbola esa posibilidad de un «bono» que justifique la tenencia de un dinero, pero que recién se podrá hacer efectivo en... Y los propietarios prefieren, a su pesar, seguir quedándose con el bien tangible: antes que confiar en un sistema que solamente ha confiscado pertenencias, realizando trueques unilaterales, decidiendo con su pulgar quiénes saldrían mejor, o peor, de la eclosión de indicadores y la declaración de bancarrota. En la otra punta (estando todos los demás bienes en el medio) de los inmuebles y su parálisis: se sitúa la Bolsa y su actuación diaria. Salvo cuando existió el feriado bancario más estricto, salió de circuito. Por lo demás, ha funcionado hasta de modo dinámico en algunas ruedas, y encontrando en ese ámbito quizás el único recinto del país: donde sí se hallan las dos puntas, la contrapartida a una intención de compra, o de venta.

Todos los argumentos que puedan tratar de ensayarse, desde un punto de vista racional, técnico, fundamentalista, se quedan a medio camino y para la galería de los que precisan poseer motivos para dar (como el agente con su cliente, o los medios de información en general). No hay verdades universales en Bolsa, no puede existir en tanta especie heterogénea y de tan distinto tenor en presentes y futuros, estímulos que promuevan a una petrolera a la par de un banco. O a una comercial, con una del cemento. Las atadas al mercado local, no pueden tener el mismo nivel de apetencia que las exportaciones. Quienes dependen mucho del insumo importado, nada tienen que ver con las que pueden moverse sin el costo dólar. Quienes están en inversiones inmobiliarias, agropecuarias, automotrices, registran una parálisis de negocios casi total. Esto aparece periódicamente, ya con estadísticas de enero y las quejas de los involucrados. Otras, hallan la posibilidad de sacar stock acumulados, porque se frena el producto foráneo. Los endeudamientos hacen que unas se vean aliviadas, pero se entierren más las que deben en dólares y no pueden pesificar (por el origen). ¿Cómo se consigue establecer la operación en nuestra Bolsa, concertar comprador y vendedor? Un milagro. O bien, un mercado que se ha hecho paralelo al dólar, buscando ser moneda de cambio a modo de «título empresario privado», con más chapa y generando mucha más confianza que cualquier papel que parta de lo oficial. Sólo quiere decir eso. Lo demás, a criterio del interesado...

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