Estamos en el camino equivocado. Casi todo el mundo, de adentro y del exterior, es posible que coincida en esto. Si a ese camino se llega por voluntad, o porque era la única vía a tomar, no es terreno de discusión en esta columna y porque se precisaría mucho de la entretela política para poder afirmar una tesis. Por una licencia periodística, le pedimos al lector que convalide el concepto (como si estuviera comprobado) y participe de la idea: es el camino equivocado. Pues entonces, lo único que hacemos es dejar correr el tiempo. Y como en las malas enfermedades, cuando se deja el tiempo correr con solamente algunas curas menores, superficiales, intentos precarios, la gravedad las hace terminales. En tal caso, no sería terminal como país. Pero puede serlo para un sistema de gobierno, más allá de nombres y personajes de un gobierno de turno. La andanada de considerandos ofensivos, vergonzosos, que debieron soportar los más altos funcionarios en gira por el exterior, pocas veces se había visto. Les llovían, en ese jueves funesto, cables de agencias con conceptos de todos los colores y de todo organismo, donde se resumía la idea de «no prestar apoyo de dinero a la Argentina, hasta que...» y etcétera. Todesca había salido -a su vez- con tonterías, para emparejar a otros colegas quejosos. «Si estuviéramos en Brasil, no comprarían dólares sino que lo volcarían a lo productivo» (y así). Sí, Todesca, y si estuviéramos en el viejo oeste ya quizás hubieran linchado a algún responsable de tanta trapisonda hecha. Y si estuviéramos en Arabia, comprarían camellos. Pedir actitudes patrióticas, nacionalistas, después de haber hecho tabla rasa con propiedades privadas, derechos adquiridos, es querer que la gente resulte enteramente idiota. Y se ve que no.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Volviendo al principio, todo indica que no es la senda y que por esta vía se va a una ruta cortada y, detrás, un abismo. Ya han pasado varios carteles de advertencia, pero la caravana oficial prosigue por la misma ruta, aunque tratando de ganar tiempo, con rebaje de velocidad. Hasta la pobre Bolsa debió bajar el jueves, porque era tanta la carga adversa que comprar papeles -aunque fuera por motivos financieros- daba un poco de escozor. Leemos un genial «aforismo» de Georg Lichtenberg, recordándonos que: «Hay exaltados de escasa preparación. Esa es la gente verdaderamente peligrosa».Y hay mucho de esto en las puebladas, en las manifestaciones, en toda esa masa que se pone en movimiento día tras día, ora en las rutas, ora en acosos a alguna institución; hay mucho exaltado que tiene propuestas harto peligrosas, pero que crecen como la enfermedad terminal. Porque se pierde tiempo. Una nueva semana dejada atrás, con más preocupación y la seguridad de estar bastante peor que cuando todo se iniciara, con la expulsión de un gobierno pésimo. Informate más
Dejá tu comentario