9 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

¡Y cómo cambian los tiempos, en tan poco tiempo! Estamos ordenando recortes y encontramos al «Nuevo Merval», que se estrenaba en julio de 1998. ¿Recuerda cuántas lo componían? Nada menos que «37» especies, a las que correspondía ocupar un casillero en el indicador ponderado. Una gran atomización de las órdenes, a tal punto que las que más pesaba -¿recuerda esto?- solamente lo hacía con 10,5% del total: y era Acíndar. Muy cerquita estaba la otra siderúrgica, Siderca, con 9,2%. La tercera, Pérez Companc, la que estaba toda enterita, y bastante alejada de la primera, con un nivel de 6,7%. Con las últimas de la nómina, apenas se iban sumando decimales, desde 0,17% de CINBA, 0,19% de Bagley, y así trepando hasta no pasar aquel modesto 10,5% de la principal.

El anuncio del «Merval 2002», contrajo el número a una tercera parte -con solamente «12» especies-, pero donde la participación de la primera -que es PC, moderna y partida- llega a cubrir 43% del total. La segunda anda por 14%, generándose un total giro del ángulo Merval. De muy atomizado, a muy concentrado, haciéndose casi incotejable en las distintas épocas: salvo que se otorgue solamente importancia a un volumen efectivo de realización. Recordamos, y seremos constantes, que aquellos Mervales extendidos y de cifras como las mencionadas, casi tres docenas o más, nos merecían el concepto de ser: casi un absurdo. Porque con algunas más casi se tenía a todas las que operaban día a día en el mercado, medidas en un índice y que contradecía el mismo espíritu de tal: que es, dar la esencia de una actividad, conseguir un resumen -como lo hace el Dow Jones- de poder testificar, con un puñado de acciones, la actuación de cientos de ellas. Aquello, como nómina, era ridícula. No porque fuera un capricho del sistema, sino porque las normas de fundación del ponderado -llenar 80% de volumen total, en un listado de nombres- obligaban a ello.

A cambio, las «12» actuales se acercan o son directamente un ideal alcanzado. Un puñadito de acciones, hasta para poder tener en la memoria diaria, representando al total de las vigentes. Pero, siempre hay un «pero» para tener que explicitar: escasea ahora la armonía en el peso específico y notar que una sola casi vale la mitad de la medición, aparece como distorsionando, haciendo una caricatura grotesca de un indicador ponderado.


¿Qué sucedería tomando la oportunidad de dejar fija una docena de títulos, seleccionados por diversos argumentos, y tomar un
«índice líder» con peso repartido de modo homogéneo? O bien, dando cierta preponderancia a las que establecen mucha diferencia con las otras, pero sin que se rebasen límites. Bajaría de ese modo el riesgo actual, de teñir el resultado con el acento puesto en un solo papel, a lo sumo dos.Y esto es... peligroso.

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