«Lo que pasa ahora en la Argentina va a pasar en Europa, que está en vías de argentinizarse, porque los europeos no se interesan en la producción...». Son palabras fuertes, son apreciaciones demoledoras, y si lo son para los neutrales que las leen: mucho más deben serlo, para los que seguimos viviendo en la Argentina. No obstante, pasando por alto que el análisis de este politólogo francés -Alain Touraine-no tuvo cabida en la gran mayoría de los medios, creemos que siempre hay que prestar mucha más atención a las críticas (aún las sangrientas, como ésta) que a los elogios. Y volvemos a darle entrada, puesto que así lo habíamos mencionado al ofrecer la primera repasada por aquellos dichos sobre nuestra situación, que el mencionado estudioso realizó en la Casa de Amé-rica Latina, en París. Dentro de la nota que sí -como debía ser-brindó Ambito Financiero, se aclaraba que Touraine no resulta uno de esos paracaidistas que abordan las temáticas desde su propio terruño, sino que es «frecuente visitante del país...». Y el hombre no se anduvo con tapujos, porque aquello que algunos seguramente habrán repudiado -o escondidono es más que una opinión que poseen muchos por el mundo sobre nuestra real situación, nuestras actitudes, nuestro modo de ser «un país de consumo, pero no de producción y trabajo». Y lo mencionado no es casi nada, cuando se llega al remate del análisis y donde asegura -el politólogo-que la crisis argentina amenaza -en principio-a casi toda Amé-rica latina, y que el fenómeno al que se asiste puede definirse como el «de tierras que se separan del continente y pierden contacto...». Seríamos como una especie de isla, que se fracciona, que queda al garete y distanciada de tierra firme... una terrible -aunque interesante-metáfora, para describir nuestra actualidad.
Nos preguntábamos, porque fue después de éstas palabras difundidas desde Francia, qué habrán pensado en todo el mundo cuando vieron la atroz filmación de la gente matando al ganado en plena ruta... ¿cómo creerán que estamos viviendo? Como los comechingones, tal vez, o los araucanos del nuevo siglo. Aquellos, respondiendo a su época, a sus escenarios históricos, lo nuestro: un trágico modo de mostrar, justamente, el estado de «descomposición y decadencia»... que también apuntaba el francés, en su crudo estudio de lo que ha observado. A todo esto, hay un país que tiene algo de sangre, algunos glóbulos o -como decía Discépolo, respecto de sí mismo-«con un solo glóbulo...» continuamos tirando. Nadie sabe cómo. Pocos se lo quieren preguntar a fondo. El cuánto durarán los bancos, sin que nadie les coloque dinero. El cuánto durarán los precisados de crédito, para poder continuar la rueda. El cuánto durará el Estado, al pasar por moratorias y encontrar, después, recaudaciones cada vez menores. Mejor no, ni siquiera preguntarse cómo es que tenemos una Bolsa. (Y, mucho menos, pedir pruebas de existencia...)
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