30 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Un día en la Bolsa, algo así como «Una noche en la Opera», pero los hermanos Marx no se hubieran podido divertir -ni ellos- viendo lo que había que ver en ese día de «elecciones» (encomilladas) para nuestra añeja institución bursátil. En una época, no tan lejana, allá por la zona del '75 en más, se había querido difundir la actividad mediante el eslogan «la esquina de las finanzas» (Sarmiento y 25 de Mayo). No estaba mal. Al menos, todavía podía adquirir visos reales, querer rescatarlo del pasado y relanzarlo... sonaría ridículo (la verdad).

Sería bueno, y por ahí lo hacemos, realizar una cronología de los eslóganes rimbombantes que acompañaron el historial argentino decadente. Tal vez, hallaríamos el curioso camino doble de forjar cada vez más frases ampulosas, con cada vez más decadencia nacional. Y así, aquello de «Argentina Potencia» sirvió como para el puntapié inicial, de todo el festival marketinero que se instaló en un país que quiso suplantar con dialéctica, asesores de imagen, publicistas, hacedores de presidentes; a la producción, las ventas, las franjas de mercado, los nuevos productos, la tecnología, los incentivos, y todo aquello que arma el verdadero poderío.

Pero, volvamos a esas «elecciones» que encomillamos. Porque hubo lista única, en realidad no había competidores, y también esto demuestra que el argentino suele pecar de ventajero. Así como aparecen periodistas, analistas, jóvenes con tiradores y camisas rayadas (dictando clases de inversión) cuando se ha ingresado a zonas suculentas de las tendencias: quedamos cuatro gatos locos (candidatos a directivos, también) cuando la mano viene de dificultades, como las de ahora. Tal como viene dando la sensación de que la gente se excusaba con Duhalde, para tomar el cargo vacante, en otro tipo de funciones y de organismos igual se percibe la deserción para querer tomar riendas bravas.

Elecciones, durante una semana donde el sistema se había ido del circuito y repetía ya largos, y habituales, períodos de lagunas operativas. Con total facilidad se dejan hoy cinco, seis, quizá más días con una acción económica paralizada, lo que lleva a deprimir las cuentas fiscales todavía más, y con capitales que se desvían definitivamente, al caer en tantos baches de actuación. Y es lo peor que puede sucederle a un mercado de riesgo, lo dijimos muchas veces, todavía más que si le toca bajar: nunca debe dejarse bloqueado el conducto de las operaciones. Probado con estadísticas, ni aun en casos gravísimos se aconseja suspender la actividad, porque es mucho peor la presión que no tiene salida y que se convierte en un enemigo inmediato de ese mercado. Gente que tenía que calzar operaciones, que contaba con su operativa en Buenos Aires, se quedó congelada esperando que las autoridades volvieran a abrir los bancos.


Quedará grabada en la historia esta elección de la Bolsa de Comercio, como la más acongojada de su historial: de casi siglo y medio.

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