Es cierto... muy cierto. Días atrás, estando representantes de la Bolsa de Comercio, en la Casa de Gobierno posteriormente dieron una conferencia de prensa: explicando qué habían ido a proponer como ideas positivas, para salir de esta ya insoportable incomodidad financiera (por llamarlo de algún modo, piadoso). Y el secretario de la entidad -Adelmo Gabi- apuntó un aspecto que, de tan simple para referirse, se resbaló por los micrófonos de los medios y se hizo volátil, injustamente. Estamos en esta columna para recoger esa presencia, porque ciertamente que marca un hecho histórico de envergadura inédita para el sistema. Lo dicho en la ocasión -no es textual- contenía el siguiente núcleo: «cuando todo dentro del país se ha derrumbado, la única entidad que permanece indemne es la Bolsa de Comercio, lo bursátil, y todavía puede hacer bastante más que esto: porque, quizás, sea la última bandera de las finanzas de la que no se desconfía...». Crucial. Y rigurosamente cierto. Pero, para reforzar el concepto del secretario de la Bolsa, le agregamos de nuestra modesta huerta de rasgos definidos que: es extraordinario comprobar, no en lo virtual sino en lo práctico y comprobable, que en los circuitos donde todo estaba firmado con lujo de detalles, donde se cotizaba el no-riesgo, se produjo el quiebre literal de las columnas. Y donde todo se asienta básicamente en la palabra, el sistema bursátil, no se ha faltado en absoluto a los compromisos. Y se ha salido a operar y dar fluidez, careciendo de las más elementales corrientes financieras y bancarias para hacerlo. Con público inversor diezmado, con la desconfianza absoluta reinando en todos los rincones: las expresiones de «Suyas» y «Mías», concretando operaciones, se hicieron todavía más sólidas que siempre.
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Una especie de altar a lo fiduciario, la prueba contundente sobre que todo sistema se puede implementar, y sostener, en tanto exista la confianza de la gente detrás. Y lo que demuele cualquier posibilidad inmediata, de volver a convertibilidad alguna: no porque faltan los dólares sino porque no hay modo de lograr conseguir confianza. La Bolsa se mantiene enhiesta, en un desierto, va a la Casa de Gobierno a pedir por más material para cotizar en sus paneles, se ofrece para brindar la liquidez a papeles que jamás la tendrían de otra forma, y es la llamada «inversión de riesgo». La que, en la teoría, debería resultar la más afectada, y la más rehuida, en condiciones de abismos como los actuales y de descreimientos como los que campean. En esa conferencia de prensa, apareció algo esencial que fue invisible a los ojos, y a los razonamientos, el rol que está desempeñando el sistema bursátil cuando todo está en ruinas. Y la fe que todavía se deposita en ese tipo de negocios, al que se liquida día a día, sin dudar. Informate más
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