8 de agosto 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Mientras uno de sus representantes más insufrible, está de gira por Sudamérica subiendo o bajando pulgares con total soberbia, su país de origen recoge los pedazos de un sistema bursátil que -gracias a sus estafas- se hizo gaseoso en todo el mundo. Rebotes infantiles, proclamas de que su economía no tiene nada que ver con lo sucedido en la Bolsa, leyes que se tornean para complacer al ciudadano que ha sido víctima de tales fraudes en cadena... y repitiendo, de última, otro «lunes negro» que bien se lo merecían: pero, su lugar de locomotora hace que arrastren al convoy de los recintos de todas las regiones, desarrollos y tamaños. Señores: se está poniendo en duda la base, la palabra intocable sobre la que se asienta un mecanismo, que ha llevado siglos consolidar. Y este visitante, que de ilustre no tiene nada, soporta sobre sí un mar de sospechas. Es blanco de críticas a las que rechaza con estupideces: de las que se ha acostumbrado a disparar. Entre medio, un papelón debiendo retroceder en su imprudencia, ante un Brasil que le cerraba la puerta en la cara...

Pues bien, ese tipo, esa clase de personaje es la que está a la cabeza del mundo. Con catecismos salvajes y donde las reglas se escriben, se transgreden adentro, se reclaman afuera, se reacomodan y se da una vuelta a la página: es más delicado lo sucedido en las economías pobres de una región, que el desastre en que han inmerso al total de los mercados de riesgo. Al menos, es lo que pretenden hacernos creer, con sus pretensiones de que le brinden escenarios pulcros y confiables: a sus «bellezas americanas».

Sepámoslo todos, de una vez:
el circuito mundial, de un sistema llamado Bolsa, está en el punto más delicado desde los inicios de su historial. Pero, aquello parecía precio a los que recién se iniciaban y tenían serias limitaciones de toda índole, inclusive por la época-albores del 1600- y estaban más disculpados, que las aberraciones vistas hoy. Hasta qué punto llega el afán y la codicia de los hombres de negocios, políticos, del ambiente de Wall Street: que a pesar de haber tenido toda una década de aumento permanente, de valorización de sus activos, de fortunas inmensas año tras año, terminan engañando a la gente como si fueran de un país de bandidos, de las viejas Antillas, o la Isla de Tortuga.Alguna vez tuvieron al pirata de carne y hueso, actuando en la calle de Wall Street, el Capitán Kidd, pero dentro de sus tropelías ayudó a fundar la iglesia que gobierna esa calle: y poseía una banca con su nombre, nunca utilizada, porque andaba de aventuras. Hoy no está el garfio, no suben al bergantín, ni tienen diez cañones por banda para ir viento en popa, a toda vela... (Como en los versos de Espronceda). Ahora salen de gira, envían mensajes a países que les han lamido los zapatos bastante: pero, nunca es suficiente. Y no ven que están en tren de estallar desde adentro, por seguir a Jefferson y su máxima: «El dinero, y no la moral, es el gran principio de las naciones mercantiles». Un patriota.

Dejá tu comentario

Te puede interesar