«Para que sirva, hay que tener una disciplina fiscal que los políticos no tuvieron» (decía, en una de las respuestas al reportaje de Ambito, Luis Pagani). Es el hombre que dirige Arcor y que asumió la conducción de una flamante entidad empresarial, que debe ya ostentar el récord del más veloz recambio de mandato. Pagani reemplazó a Oscar Vicente, tras la confusión y el asombro causados por la venta de Pérez Companc. En tal entrevista, hubo numerosas preguntas que abordaron todos los temas; uno de ellos era sobre la dolarización: qué opinaba el empresario. Y es allí donde contesta con la frase encomillada del inicio. Aquella que se nos quedó pegada y repiqueteando, porque si bien no es el único punto para polemizar con el pensamiento de los empresarios nucleados, nos resulta especialmente urticante. Porque nos imaginamos al Estado ocupando, utópicamente, el lugar de Pagani. Y un periodista haciendo la pregunta, con el «señor Estado» lanzando algo así, como... «Para que sirva, hay que tener una disciplina económica y financiera que los empresarios no tienen». Referido esto a los descomunales endeudamientos actuales, en pesos, por obra y gracia de haberlos tomado en dólares festivaleros de «uno a uno».
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Por allí se deslizan precisiones que parecen ser casi metafísicas, como -por ejemplo- pedir que «el ingreso per cápita anual vuelva a ser de u$s 8.500». O, que se lleve a cabo «un plan de obras para generar empleo. Se financiaría con los ingresos que generen esas mismas obras». Se chocan de frente con empresarios que solicitan «que no les pidan que creen empleo en los próximos 18 meses». Y, una ayuda a los colegas: «Que las empresas de servicios sean rentables, justamente para que no dejen de prestar esos servicios». Aquí, en esto último, volvemos a tener el espíritu que parece gobernar este tipo de unión de comerciantes, asociación mercantil o «empresarios argentinos»: ignorar que la quiebra es el riesgo del negocio. Considerar que solamente existe la ganancia o -como lo plantea- si toca perder a una de servicios, pues sencillamente: no prestará el servicio... Que se quede tranquilo Pagani, operativamente ganan, se derrumban porque pagan el precio de apalancamientos inauditos que pretenden que se les compensen, mediante tarifas que «socialicen las deudas». Otro postulado habitual en el país: las ganancias son mías, las pérdidas son de todos.
Así, no salimos. Como ciudadanos preocupados por el destino que nos aguarde, esperábamos un poco más de brillantez en conceptos de asociaciones que reúnen a lo principal de las empresas en el país. Mientras esto transcurría, seguían los encontronazos entre los bandos de Economía y el Central, cuando llegaba desde el Fondo Monetario la respuesta a la misiva enviada: «Muchachos, sigan participando. Por ahora, nones». Dicho en inglés, claro. Con lo que volvían a derrumbarse anuncios oficiales sobre un acuerdo inminente de firmarse y esas cosas. Ese día, el Central vio darse vuelta la tendencia: debió vender dólares...
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