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Vistos como cabos dispersos, no parecieran existir males mayores, pero al reunirlos y armar un «puzzle» de la actual gestión se observa un permanente discurso de martilleo sobre los mismos conceptos de parte de la máxima autoridad, en tanto se han generado amplios vacíos en derredor de los actos de gobierno y la política que, férreamente, se quiere seguir llevando adelante.
El querer pasar una cosa por la otra, en cada nueva gestión realizada en esa gira solicitando apoyos, ya tuvo un primer papelón en lo que se contó primero sobre la visita realizada a España (siendo el propio Aznar el encargado de enviar un claro mensaje posterior). Y una segunda y muy próxima versión, en lo que se quiso vender como estrategia conjunta con Brasil, por la deuda. Se supo lo de Lula con Bush y el presidente norteamericano apenas «escuchó con simpatía» la sugerencia del presidente brasileño. Y, posteriormente, un vocero brasileño asegurando que la deuda no podía ser discutida en conjunto, porque «son muy distintas las de la Argentina y Brasil». Tironeos por pedidos de aumentos de toda índole y un amanecer inflacionario al que no se le quiere dar importancia -emitiendo las siempre dudosas estadísticas oficiales, que difieren de la sensación térmica-, más amenazas directas (como a las petroleras, sobre aumentar retenciones o colocar precios controlados).
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