21 de mayo 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos sorprendió ver el cuerpo directivo, que se hará cargo del proyecto de la empresa de energía estatal. En especial por ver el nombre de Luis Corsiglia como integrante del mismo. Los medios de información brindaban la nómina y las profesiones, otorgando a Luis Corsiglia la profesión de «agente de Bolsa». Lo cual no está mal, tiene una larga trayectoria como tal, pero dicho simplemente así no parece poseer demasiado sentido su participación dentro de un directorio de empresa energética. Nadie se lo ha planteado, por más que tiene que llamar la atención lo que a nosotros nos resultó también llamativo.

Posiblemente, la explicación derive de otras funciones que Corsiglia ha vuelto a desempeñar desde abril pasado -donde ya estuviera en otras ocasiones-y es la de ser el titular de la Caja de Valores de Buenos Aires.

Para quienes no lo sepan, esta entidad que se ha convertido en clave para todo lo que resulte el manejo administrativo de títulos públicos y privados, fue creada con participación conjunta de la Bolsa de Comercio y del Mercado de Valores. Dentro de sus artículos, figura que el mandato se renueva anualmente en su presidencia, siendo alternativamente un funcionario designado por una u otra entidad. Luis Corsiglia cumple desde abril el período por la Bolsa, cuando ahora se produce esta designación en tema tan ambicioso como el recrear una sociedad estatal de energía.



No sabemos cómo hará Luis Corsiglia para compatibilizar ambas funciones, o si quedará en uso de licencia en su puesto en la Caja de Valores. No es relevante esto, un tema muy particular, pero se nos ocurre poder imaginar qué misión llevará adelante dentro del directorio de la nueva empresa: organizar todo el aspecto que tenga que ver con el lanzamiento de una gran porción de acciones a la oferta pública, para que vaya a cotizar a Bolsa. Y aquí se desprenden dos conclusiones: primero, que es bueno el ingreso de otra empresa -cualquier empresa razonablemente compuesta-a la oferta pública. Y que sea gente del propio sistema la que arme esa próxima emisión. Segundo, no sería para nada bueno que, si se piensa en no correr riesgos con la colocación, volvamos al sistema compulsivo y la utilización de AFJP.


En otra época, el sistema tenía la clara misión de tener que asumir esa larga serie de «bonos basura», que los ciudadanos participantes de una jubilación privada compraron con su dinero, finalizando como terminaron hasta ahora.


Como preferimos ser desconfiados, porque algo hemos visto de estas estratagemas estatales, no nos parece imposible que ahora cambien bonos por acciones: obligando -bajo las conocidas presiones-a que las entidades se llenen de acciones, de una sociedad que habrá que ver si logra sus objetivos (debido al alto riesgo de ese rubro). En poco tiempo, conoceremos si esto será así.


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