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Hay que destacarla, porque es lo único que puede diferenciar a unas ruedas de otras, donde todo comentario de molde podía haber quedado reiterado en día tras otro y nadie se hubiera dado cuenta. Es evidente que son momentos donde el que pierda la cabeza, o lo traicione la ansiedad, puede cometer equivocaciones costosas. Un mercado en «calma chicha», donde la nave sólo habrá de moverse remando -porque las velas están colgando, esperando el viento- es el infierno del bolsista. Cuando la plaza se convierte en una maqueta, más similar a la renta fija que a la variable, suelen dar ganas de «hacer algo» para quebrar la monotonía. Y lo único aconsejable es purificar la cartera, si se da el caso de una alternativa mejor que lo que se posee, pudiendo realizarlo en un mercado que permite todo y sin apresurarse. En cambio, si el «hacer algo» es querer ir en una dirección con visibilidad pero se está más cerca de perder comisiones y hasta de ensuciar las posiciones. Haber sabido lo de Renault era un excelente recurso para sacar diferencias, pero ¿cuántos son los que pueden captar esa «onda» a tiempo?
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