27 de abril 2026 - 20:57

Países del G7 definen tasas de interés ante el shock inflacionario por la guerra

Los principales bancos centrales del mundo, en conjunto con Brasil, enfrentan una semana clave de decisiones sobre tasas de interés en un contexto cada vez más desafiante. El riesgo de un escenario de estanflación vuelve al centro de la escena y condiciona la estrategia de política monetaria.

En conjunto, la clave de la semana no pasará tanto por las decisiones, en su mayoría anticipadas, sino por cómo cada banco central redefine su estrategia ante la desaceleración de la actividad y el repunte de la inflación.

En conjunto, la clave de la semana no pasará tanto por las decisiones, en su mayoría anticipadas, sino por cómo cada banco central redefine su estrategia ante la desaceleración de la actividad y el repunte de la inflación.

La última semana de abril estará dominada por una combinación clave de datos de inflación y decisiones de política monetaria en las economías del G7, en un contexto donde los precios de la energía vuelven a tensionar el escenario global hacia una dinámica más cercana a la estanflación.

En este escenario de incertidumbre sobre el sendero de la economía global, tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) coinciden en que el crecimiento se desacelera mientras la inflación muestra mayor persistencia.

El FMI proyecta una expansión global de 3,1% en 2026, luego de haber revisado sus proyecciones realizadas en enero de 3,3%, con una inflación que podría repuntar en el corto plazo antes de moderarse, mientras que la OCDE elevó su estimación de inflación para el G20 a 4% este año, impulsada principalmente por el encarecimiento energético.

“Un conflicto más prolongado o más amplio, un empeoramiento de la fragmentación geopolítica, una reevaluación de las expectativas en torno a la productividad impulsada por la inteligencia artificial, o el resurgimiento de tensiones comerciales podrían debilitar significativamente el crecimiento y desestabilizar los mercados financieros” aseguran desde el FMI, en su última publicación del Informe sobre perspectivas de la economía global.

Estrecho de Ormuz
Según el FMI, el cierre del Estrecho de Ormuz, producto de la guerra de EEUU e Israel en Irán, presenta la mayor amenaza para la economía global en el corto plazo.

Según el FMI, el cierre del Estrecho de Ormuz, producto de la guerra de EEUU e Israel en Irán, presenta la mayor amenaza para la economía global en el corto plazo.

Las economías del G7 definen la política monetaria

En ese marco, el calendario arranca con la reunión del Banco de Japón, que enfrenta un dilema particular, con una inflación que alcanzó el 1,8% interanual en marzo, todavía contenida en términos históricos pero presionada por energía y un yen débil, frente a una tasa aún baja en 0,75%. No se esperan cambios inmediatos, aunque cualquier señal sobre ajustes en su esquema de control de la curva será leída como un primer paso hacia la normalización.

El miércoles será el turno de la Reserva Federal (EEUU) y el Banco de Canadá, en ambos casos bajo una lógica similar de pausa en las modificaciones de las tasas de referencia, pero con creciente incomodidad.

En EEUU, la inflación rebotó con fuerza hasta 3,3% interanual en marzo (desde 2,4%), con energía creciendo al 12,5%, mientras la núcleo se ubica en 2,6%. La Fed mantiene su tasa en el rango de 3,50%-3,75%, pero el margen para recortes luce cada vez más acotado si los shocks de costos comienzan a filtrarse de forma más persistente. Está sería la última reunión de comité para determinar el tipo de interés presidida por Jerome Powell, actual Presidente de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, quien dejaría su mandato el 15 de mayo por su nuevo sucesor, Kevin Warsh, marcando un cambio histórico en la conducción de la entidad monetaria.

“La inflación es una elección, y la Reserva Federal debe hacerse responsable de ella”, argumentó Warsh en su primera audiencia frente al congreso de EEUU, reafirmando la intención de mantener la independencia de la institución, en medio de preocupaciones sobre su posible manipulación para favorecer un política monetaria más laxa.

Canadá, por su parte, muestra un patrón más moderado, con una inflación de 2,4% registrada en marzo, desde el 1,8% del mes previo, mientras que la tasa se ubica por debajo del IPC en 2,25% y el foco del organismo continua puesto en si la suba de salarios y combustibles empieza a contaminar la dinámica subyacente, lo que podría acelerar el ritmo inflacionario y favorecer una suba en el tipo de interés.

El jueves concentrará las decisiones del Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, donde la tensión entre inflación y actividad es aún más evidente. En la eurozona, la inflación subió a 2,6% en marzo (desde 1,9%), con la tasa de depósito en 2,0% y una economía que comienza a mostrar marcadas señales de enfriamiento.

En el Reino Unido, el IPC alcanzó el 3,3%, con los combustibles como principal motor, mientras la tasa se mantiene en 3,75% y el mercado laboral continúa relativamente ajustado. En ambos casos, el mensaje esperado es de cautela, lo que implica sostener tasas mientras se evalúa si el shock energético es transitorio o muestra persistencia.

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El la última conferencia del actual presidente de la Fed, Jeronme Powell, se comunicará la decisión sobre el tipo de interés, la cual se anticipa que se mantendrá sin cambios.

El la última conferencia del actual presidente de la Fed, Jeronme Powell, se comunicará la decisión sobre el tipo de interés, la cual se anticipa que se mantendrá sin cambios.

Banco de Brasil también define su tasa de política monetaria

Fuera del G7, Brasil introduce un matiz relevante. El Banco Central do Brasil inició un ciclo de recortes que llevó la Selic de 15% a 14,75%, pero de forma deliberadamente gradual.

Las proyecciones oficiales ubican la inflación en 3,9% para 2026 y 3,3% hacia 2027, cerca o levemente por encima de la meta, en un contexto donde la actividad pierde dinamismo pero el mercado laboral aún sostiene la demanda. Esto sugiere que el margen para acelerar bajas de tasas es limitado.

En conjunto, la clave de la semana no pasará tanto por las decisiones, en su mayoría anticipadas, sino por cómo cada banco central redefine su estrategia ante la desaceleración de la actividad y el repunte de la inflación, en medio de la inestabilidad generada por el conflicto en Irán. En este sentido, el escenario base sigue siendo el de un crecimiento más débil con inflación transitoriamente más alta.

Sin embargo, la principal preocupación en el horizonte es la amenaza de un escenario de estanflación, con precios de la energía elevada por más tiempo, expectativas desanclándose y bancos centrales obligados a sostener o incluso endurecer la política monetaria aun cuando la actividad se debilita. Ese delicado equilibrio es el que el mercado intentará descifrar en cada comunicado y conferencia. De esa lectura dependerá, en buena medida, la trayectoria de las tasas hacia el segundo semestre.

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