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Que esto tenga curso y que pase de largo, ante la vista de organismos y países con bonistas involucrados, sería casi un hecho metafísico. Y si realmente tuviera semejante suerte, era entonces preferible una adhesión inferior. Lo más extraño -en realidad no tanto en estos tiempos- es que no se hayan elevado voces renombradas, advirtiendo de lo increíble que resulta este segundo aspecto del operativo canje. Cierto que lo realizado nunca fue una negociación, sino una brutal propuesta unilateral: pero, cuando se abrió un período para adherir -o no- a tal propuesta, es inadmisible que la porción no adherente sea declarada ajusticiada por el emisor.
El desemboque de esto es el rasgo más emocionante y un hito en la historia financiera: si es que esos bonos quedan efectivamente esterilizados, ahorrados, restados como hizo Lavagna en su cuenta posdefault.
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