10 de agosto 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Se dice querer cortar con la «especulación financiera», expresión que suele ser demonizada por gobernantes, para que la gente común suponga que existe algún monstruo perverso detrás de ello. Cuando, en verdad, las propuestas y el menú disponible en activos financieros no resultan un invento privado, si no que llegan desde la cocina de las entidades y organismos oficiales. Tan claro, como saber que el haber emitido bonos de deuda con CER resultó un peligroso platillo puesto a disposición de los comensales, que eligen qué tipo de bocado ingerir, con su capital de riesgo. Y que la decisión de discontinuar tales colocaciones son el testimonio de un grueso error cometido por los que digitaron tal remake de los funestos Vanas (Valores Nacionales Ajustables) de la década del '70. Que debieron culminar con la autoridad económica de aquel entonces, equipo de Martínez de Hoz, ya transgrediendo condiciones estipuladas en aquellos bonos. Que indexaban por inflación y que no debieron cancelarse anticipadamente, como se hizo.

Pero, olvidados, siendo simples postales para alguna historia financiera, reaparecieron como una suerte de «zombies»: que salieron de aquella sepultura y ocuparon el centro de la escena, ante la mirada de pánico de los mismos que los resucitaron. Pero siempre se toma por el atajo y se buscan demonios, para descargar equivocaciones como ésta: pretender que el capital deje de lado tremendo bocadillo -cuando, además, se lo fogonea con políticas que alimentan inflación- y se dirija a los activos que los funcionarios desean. Si la corriente no marcha hacia donde se la quiere dirigir, entonces surge el rótulo de la vilipendiada «especulación».

Lo único concreto, en un escenario, que muchos pintan como totalmente cambiado y donde se restablecieron las virtudes, es que se siguen dando «premios» fastuosos para que se coloque algún dinero. A pesar del dólar que nadie quiere, a pesar de esa mágica baja del riesgo-país. Y del aumento de reservas y del superávit, el único camino que se toma para colocar dinero es aquel como el de los bonos con CER, a otra alternativa que contenga atracción superlativa. Y que asegure tasas de retorno suculentas, como la casi seguridad de poder recomprar divisas a parecidos niveles, una vez completado el circuito. Las acciones figuran allí metidas, en el menú disponible, cubriendo la página de los postres. Como para algunos que, deglutido el menú principal, vayan en procura del dulce extra. Y otros sigan ignorando absolutamente ese canal de riesgo. Algo se ha conseguido, en cuanto a ensanchar la base de negocios, pero también reaparecen los lunares inesperados y que retornan la situación accionaria a una velocidad de crucero. Quizá puede haber algún incentivo mayor, en caso de buenos balances por llegar. Y la hábil «especulación»: hará bien en fijarse en ellos.

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