El martes, cuando viniendo del feriado y donde ciertas variables parecían que iban a crear un terreno positivo, más que «hacer mercado», la rueda pasó como una sombra. Sombra larga, en realidad, visto que en esa misma fecha la caída de más de 1% en el Dow y la flojedad del Bovespa convertían el jardín virtual programado en un desierto para los recintos bursátiles. Buenos Aires se vio con una oferta mucho más razonable, probablemente porque cada operador fuerte en la venta deducía que estaría apostando contra su propio dinero, en caso de querer forzar una situación de languidez en la demanda. Son momentos cuando los viejos agentes -en otra prueba de arte operativo- salían de la baranda del viejo recinto, a calmar a sus clientes. En muchos casos, hasta ellos dando la orden amigable de: «No te vendo». Y si la persona reclamaba, porque precisaba efectivo, agregaban: «¿Necesitás la plata? Pasá por la oficina y aviso que te la den». La idea, sabia, pasaba porque no se puede presionar excesivamente cuando no existe contrapartida adecuada. Si se hace, se quiebran las leyes de la oferta y de la demanda, una fuerza desborda, un activo abunda demasiado. El efecto es que lo que abunda, se abarata por demás, y esto llama a más vendedores, que se ponen nerviosos frente al panorama. La espiral bajista se hace muy notoria, las ruedas siguientes se cargan de muchas más presiones: una «corrida» puede así amanecer de la nada, solamente por un efecto «dominó» que era impensado en sus comienzos. No es tan simple hoy, donde las «terminales» han reemplazado mucho a los artesanos de la operación bursátil. Y, por ahora, la máquina no deduce, ni saca conclusiones, ni lleva en su interior la llama sagrada para poder pilotear situaciones complicadas. Es mucho más fácil que los movimientos se hagan más remarcados en esta época moderna, al escasear los que pueden ejercer «contención» sobre la clientela.
La atomización en la propiedad de las tenencias también se ha diluido en gran medida. Y así es como aparecen carteras fuertes, muchas institucionales, que lanzan la orden sin importarle demasiado las consecuencias. Pero, con ruedas como el martes, se responde bastante a aquellos principios operativos de no generar descalces mayúsculos. Y, mucho menos, insistir hasta que los límites se rompan y se ingrese en una vertical. Apenas resumiendo unos $ 53 millones de efectivo (la velocidad de negocios que se sitúa dentro de los pisos actuales), la ausencia de demanda interesada se pudo solventar con escaso daño en los precios. Claro que, si las expectativas estaban dadas para un día bien firme, la impresión llevada ante la pobreza imperante tiene que haber sido mucho mayor. Agosto siguió así complicado para los mercados, el nuestro no se pudo evadir y el Merval de arriba de 1.500 puntos está otra vez en seria disputa, cuando llegó a parecer confirmado. Lo mejor, que parece haber vuelto cierta elasticidad.
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