8 de septiembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Algunos argumentos oficiales... dan risa, estentórea, a un paso de la carcajada. Acaso por eso, sólo por eso, habría que agradecer ciertas declaraciones. Por ejemplo, comenzamos de modo tan divertido la semana, cuando leyendo la que es preocupante nota de este diario acerca del «dirigismo» que da otro paso en nuestro medio. Para el lector que no la leyó, se trata de aquella donde se menciona que el gobierno dará un paso importante para buscarse financiación cautiva, prepotente, al prohibir a los Fondos de Inversión que prosigan colocando su dinero en la modalidad del «plazo fijo». Ya no podría ser así, sino que lo pensado es que los deban colocar en títulos de deuda del Banco Central, o de Economía. Allí, la nota comenta que desde esta fuente aclararon: «No se trata de asegurar financiamiento para el Estado, sino de tener un esquema similar al vigente en Estados Unidos, o la mayor parte de los países desarrollados, donde los Fondos no invierten en plazos fijos, sino en títulos...».

En primer término, como el que expresó tal concepto se quiere situar como un par, entre pares, cuando los países desarrollados son una comunidad de la cual vivimos cada vez más distantes, en casi todos los aspectos. Pero, como siempre viene bien colocar eso por delante se relaciona la aplicación de una disposición similar. Entre medio, queda toda la historia de un default, de un renunciar a compromisos soberanos, de estafar a ahorristas de todas partes con brutal canje de deuda. ¿Es lo que hacen los desarrollados, con sus títulos, con su historia, con su reputación? Hmmmm...
 
Meter a todos en un pasadizo, que desemboca en títulos públicos tan dudosos a ciertos tiempos vista, sin siquiera solicitar opinión a los interesados y digitando, directamente, el tipo de colocación es que deben acceder: resulta otra muestra clara acerca de cómo funcionarán las cuestiones después de octubre. Acaso llegue un tiempo también donde se redacte un decreto (o una ley, votada a mano alzada por obsecuentes de turno) que diga: «Todo lo que no está prohibido es obligatorio». De esa forma, se podrán evitar justificaciones tan jocosas, faltas del mínimo talento para mentir, como la que se reproduce en la nota del lunes.

Una más, para abrir la semana, preámbulo de una rueda de nuestra Bolsa que debía actuar sin el concurso de órdenes de afuera -por el feriado en Estados Unidos- y una buena ocasión para medir nuevamente la profundidad alcanzada por nuestro mercado a solas. La respuesta nos pareció mejor que lo esperado -por nosotros- se reunieron más de
$ 42 millones de efectivo en acciones, más otros $ 2 millones en ejercicios. Si resulta una marca promedio, puede afirmarse que nuestra plaza ha ganado unos cuantos escalones en la generación de capital de riesgo. Que es su «capital de trabajo».

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