«Si la empresa se quiere ir, que se vayan...» Lujos argentinos, colocando un epígrafe presidencial, a lo que ya era una imagen desfavorable recorriendo el mundo. Nadie ignora que el grupo desertor forma parte de un sector de privatizadas al que no se cansan de desgastar, con promesas de renegociaciones incumplidas. De fechas que se corren, de esperar hasta un nuevo «después de...» y, después, inyectando la idea de que se van sin rezones y una suerte de abandono de hogar, cuando se hartaron de recibir maltrato. Una estrategia que habla de inmediato de empresas «mixtas», que culmina con la presencia del Estado dispersando más dineros, o con el arribo de algún grupo privado que pase por el ojo censor de los que son capitales alineados. A los que se les concederá los incrementos tarifarios, con los que irán pagando compromisos asumidos por la compra. El «dirigismo» que toma cada vez más cuerpo presente, aunque todavía no haya llegado a lo que más ansía: hacer demostración de poder político con las elecciones de octubre. Después, si se dan las cosas en tal sentido, seguramente recién se habrá de oír lo mejor de un planteo que es tan remanido, en la historia mundial y local.
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Caído en desuso, salvo para los que pasaron un plumero y lo quieren presentar con otro envoltorio.
Se extrae el máximo jugo de un ciclo de bonanza que no es privativo del país, ni gestado por especiales logros de gestión, sino que es común a los países emergentes por estos tiempos. Se verá cuáles de ellos desempeñan el rol de la hormiga, o el de la cigarra, de la vieja fábula. Asegurándose partidas de gastos a plena voluntad de un cúmulo de funcionarios, elevando el gasto de manera continuada, es sencillo ver en cuál de los roles nos anotamos. Por otra parte, esto ha resultado un clásico argentino, gozando plenamente de las zonas de recreos entre dos estados críticos. Y esos recreos nos llevan a puntos, donde el propio Lavagna prendió la luz roja: el tema de mayor preocupación, la inflación potencial de 2006.
La Bolsa, sus operadores, lógicamente que quieren lo suyo, dentro del escenario veraniego que se presentó desde el invierno. Tocar nuevas marcas del índice ya parece cosa de todas las ruedas, con poco o con mucho volumen, alentando el circuito por los propios bonos que también están gozando con la idea de la inflación futura, apuntalada desde el presente. Otros asuntos no parecen interesar demasiado, como el camino que lleva el petróleo en sus precios internacionales. Hecho que impacta, de modo directo o indirecto, sobre todas las economías y que aquí, aunque tengan amordazados a los surtidores, se lo pagará con aumentos de costos de todo derivado que se abone a precio internacional. La receta ante ello, posiblemente surge por los mismos discursos donde se crucifica empresarios. Ningún tipo de previsión, de análisis del contexto y su tendencia, algo que el inversor no debe obviar.
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