Los imprevistos no son en la Bolsa una suerte de «accidente». Capaz de doblar la dirección de una tendencia o hacer que la orden ejecutada ayer haya resultado el mejor acierto del año para el operador, o el peor de los equívocos. El imprevisto, lo que se denomina como «variable ingobernable», es la esencia misma de la Bolsa. Y una de las tareas del inversor, o el analista, es escudriñar en el ancho de la pantalla de radar intentando inferir desde dónde puede aparecer una variable, que no estaba en el escenario. Que no significa estar resolviendo el problema, solamente estar atentos a cierto factor, o asociación de ellos, capaz de poder generar una novedad de manera súbita. Y cuanto más impactante, más atención dedicarle. Muchas veces puede que todo quede allí, sin producir nada en los plazos imaginados, y también que el tal molesto «imprevisto» surja en el otro lado de la pantalla. Así está nuestro mundo hoy en día, todo lo suficientemente revuelto y tenso, como para haber incrementado su capacidad de producir imprevistos de todo orden.
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Esto no resultaba del mismo modo en siglos pasados, donde la historia está pincelada de grandes hechos, pero más distantes unos de otros. Y cuando los sucesos se producían en regiones lejanas, las informaciones tardaban semanas, o meses, en desplegarse por el mundo. Hoy estamos al tanto de todo en tiempo casi real, los mercados ya no dependen del capital local, sino que son mancomuniones de operadores, en una base internacional que es capaz de invadir con sus órdenes, o dejar enormes vacíos si un hecho grave los atemoriza. Acerca de estos días que vienen bastante turbulentos en la tendencia, veníamos apuntando que se está pendiente de cuestiones globales -con Estados Unidos y su tasa- como de locales, a raíz de un tablero de poder político que deberá dibujar una figura posterior que posee varias hipótesis.
Y el capital de riesgo, el de las acciones, está en medio de los vientos cruzados como un barquito de papel. Entre otras cosas, porque es el capital con mayor exposición al riesgo de un desequilibrio.
No son sencillas las conclusiones. Pueden aparecer órdenes de los que desean salir de aquí, para refugiarse en el Norte, y dejar la sensación de una flojedad intrínseca que quizá nuestro mercado no acuse. O puede ser que a la corriente externa le siga una local, creando saltos mucho más traumáticos. Ante la duda, abstenerse es un consejo de los antiguos que puede haber retomado presencia, en estas semanas dudosas de octubre. Y en tal caso, también colaboran los que detienen la orden hasta ver bien qué es lo que sucede, otros que están adentro con posiciones y deciden hacer líquida una parte. Como aquellos que tomaron la diferencia apetecida y volverán en temporada baja, el inversor peregrino, ambulatorio, ave migratoria que corre de Norte a Sur. Hay cuestiones en danza, eso sí, y hay que vigilarlas.
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